

Las asociaciones del sector alertan de que este cambio podría alterar el despliegue de MiCA y generar inseguridad jurídica.
Puntos clave:
La Comisión Europea impulsa una profunda revisión del marco regulatorio cripto en Europa, planteando que la Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA) se convierta en el supervisor directo de cualquier empresa de criptomonedas con actividad en la región.
El plan, recogido en borradores distribuidos antes de un anuncio previsto próximamente, supondría un giro radical respecto al modelo de supervisión previsto en el principal marco Markets in Crypto-Assets (MiCA) de la UE. Este cambio representa una reconsideración fundamental de la estructura regulatoria para las criptomonedas en la Unión Europea, con impacto potencial en cientos de proveedores cripto que se preparan para cumplir con MiCA.
Con el modelo actual de MiCA, las compañías cripto deben lograr autorización en un Estado miembro de la UE antes de operar en todo el bloque mediante el "pasaporte". Este sistema busca aunar estándares centralizados y experiencia regulatoria local, permitiendo a las autoridades nacionales mantener contacto cercano con las empresas y garantizar coherencia transfronteriza.
Los reguladores nacionales han dedicado años a preparar esta estructura, invirtiendo recursos significativos en equipos especializados y desarrollo de marcos de cumplimiento. La ventana de implantación completa de MiCA está a punto de cerrarse, y muchos Estados miembros ya gestionan solicitudes de empresas cripto para obtener autorización.
No obstante, la nueva propuesta de Bruselas alteraría este sistema, transfiriendo buena parte de la autoridad a ESMA, incluyendo la capacidad de aprobar nuevos operadores y supervisar el cumplimiento continuado. Según los documentos de la Comisión, aunque ESMA podría delegar algunas tareas operativas en las autoridades nacionales, el cambio diluiría de forma significativa su función en la supervisión cripto.
Este modelo centralizado se asemeja a otras estructuras regulatorias, como la supervisión bancaria del Banco Central Europeo. Sin embargo, el sector cripto presenta retos específicos que no encajan del todo en dichos modelos. Todo ajuste al marco MiCA requeriría el visto bueno tanto del Parlamento Europeo como del Consejo, en un proceso que puede demorarse y suscitar oposición política. Los responsables han evitado pronunciarse sobre las negociaciones, aludiendo al carácter preliminar de las propuestas.
Las asociaciones del sector han manifestado su preocupación ante el riesgo de desestabilización del entorno regulatorio justo cuando MiCA entra en vigor. "Reabrir MiCA en este momento generaría inseguridad jurídica, retrasaría el proceso de autorización y desviaría recursos de la tarea clave de una implantación coherente", declaró Robert Kopitsch, secretario general de Blockchain for Europe, a Bloomberg.
Kopitsch subrayó que los supervisores nacionales mantienen contacto directo y frecuente con las empresas, algo que ESMA no puede replicar fácilmente con su estructura actual. Esta proximidad permite a los reguladores nacionales comprender la operativa concreta de los negocios cripto, responder ágilmente a problemas emergentes y ofrecer orientación adaptada a las condiciones de cada mercado.
Añadió que cualquier avance hacia un modelo centralizado debería producirse solo después de "experiencia y evidencias concretas tras los primeros años de implantación de MiCA". Este enfoque permitiría a los legisladores identificar deficiencias reales en el sistema antes de acometer reformas profundas.
Otros expertos compartieron dudas sobre el momento y la viabilidad de la propuesta. Andrew Whitworth, fundador de Global Policy Ltd., reconoció que los mercados cripto podrían ser un laboratorio para una regulación más centralizada, pero advirtió que el cambio sería muy disruptivo para las empresas que ya han invertido de forma importante en cumplimiento.
Whitworth añadió que ESMA necesitaría una importante ampliación de recursos, tanto en personal especializado como en infraestructura tecnológica, para asumir la carga actual de los supervisores nacionales. Sin esa inversión, la transición podría generar cuellos de botella en los procesos de autorización y una aplicación desigual entre Estados miembros.
Recientemente, Francia se ha erigido en principal defensor de otorgar a ESMA autoridad directa sobre las grandes empresas cripto que operan en la región. Esta posición responde a la visión francesa de la regulación financiera europea, que apuesta por la supervisión centralizada para evitar la arbitrariedad y garantizar uniformidad en los estándares.
El gobernador del Banco de Francia, François Villeroy de Galhau, argumentó que el cambio permitiría una supervisión y aplicación homogénea de la regulación cripto bajo MiCA. Advirtió que el sistema actual, que permite a las empresas conseguir licencias en Estados miembros individuales y "pasarlas" por toda la UE, puede producir vacíos regulatorios y supervisión desigual, lo que pondría en riesgo la eficacia del marco.
Las preocupaciones de Villeroy de Galhau derivan de observar cómo las empresas pueden recurrir al "regulatory shopping", buscando autorización en jurisdicciones menos exigentes mientras operan en toda la UE. La supervisión centralizada por ESMA, propuso, eliminaría ese riesgo al aplicar estándares y prácticas uniformes en todos los Estados miembros.
No obstante, la iniciativa ha encontrado la oposición de Estados miembros que consideran la autoridad regulatoria nacional esencial para mantener una supervisión efectiva. Países con industrias cripto consolidadas, como Alemania y Países Bajos, advierten que la centralización puede limitar su capacidad para impulsar la innovación y proteger a los consumidores.
La presidenta de ESMA, Verena Ross, ha sugerido en los últimos meses que la supervisión centralizada podría ser más eficiente que el modelo distribuido. Con 27 reguladores nacionales preparándose por separado para MiCA, señaló: "todavía hay un periodo en el que cabe preguntarse si, por eficiencia y visión transfronteriza, tiene más sentido hacerlo en un punto central".
Las palabras de Ross reflejan inquietudes prácticas sobre los retos de coordinación entre autoridades nacionales, especialmente en supervisión transfronteriza e intercambio de información. Los defensores de la centralización sostienen que agilizaría estos procesos y reduciría duplicidades entre Estados miembros.
A mediados de 2024, ESMA también expresó reservas sobre el proceso de licencias cripto en Malta tras una revisión entre pares de la Autoridad de Servicios Financieros de Malta. Este análisis evidenció posibles debilidades en el enfoque de algunos reguladores nacionales sobre la supervisión cripto, aportando argumentos a favor de la centralización. El caso de Malta mostró cómo los distintos niveles de capacidad regulatoria pueden generar vulnerabilidades en el marco cripto de la UE.
El debate sobre el papel de ESMA en la supervisión de las criptomonedas refleja tensiones de fondo en la UE sobre el equilibrio entre estándares centralizados y flexibilidad nacional. Mientras evoluciona el sector cripto, los legisladores europeos afrontan el reto de diseñar una estructura regulatoria que proteja a los consumidores y refuerce la estabilidad financiera, sin frenar la innovación ni la competencia.
MiCA es el marco regulatorio integral de la UE para criptoactivos, que establece protecciones al consumidor, normas de integridad de mercado y requisitos operativos. Genera un entorno regulatorio unificado en los Estados miembros, reduce la fragmentación y refuerza la estabilidad del mercado, al tiempo que impulsa la innovación en activos digitales.
La supervisión unificada de ESMA centralizaría la regulación cripto en la UE, sustituyendo los enfoques nacionales fragmentados. Esto podría estandarizar normas, fortalecer la protección al consumidor y favorecer la estabilidad del mercado, aunque también puede limitar la flexibilidad regulatoria y elevar los costes de cumplimiento para las plataformas que operan en Europa.
La centralización en ESMA crea estándares regulatorios uniformes en la UE, reduciendo la fragmentación de cumplimiento para las empresas. Esto favorece la claridad de mercado, atrae inversión institucional y refuerza la protección al consumidor. Sin embargo, una supervisión más estricta puede aumentar los costes operativos y las cargas de cumplimiento para empresas cripto más pequeñas.
MiCA establece normas cripto descentralizadas en los Estados miembros de la UE, mientras que la centralización en ESMA busca una supervisión unificada. La UE consolida para reducir la fragmentación regulatoria, rebajar los costes de cumplimiento y reforzar la integridad del mercado con criterios homogéneos de aplicación.
La centralización de la supervisión cripto en ESMA aporta claridad regulatoria unificada, reduciendo la fragmentación entre Estados miembros. Esto simplifica el cumplimiento, atrae inversión institucional y fortalece la infraestructura del mercado. Sin embargo, una exigencia más estricta puede elevar los costes operativos para proyectos pequeños, concentrando el mercado en grandes actores y acelerando la adopción institucional, aunque podría ralentizar la innovación más local.
La UE aplica un marco unificado y centralizado bajo MiCA a través de ESMA, priorizando la protección al consumidor y la regulación de stablecoins. EE. UU. mantiene un modelo fragmentado con varias agencias. En Asia, el modelo varía: Singapur y Hong Kong priorizan licencias, mientras que otras jurisdicciones son menos reguladas. El enfoque de la UE es más global y prescriptivo.











