
En 2017, la industria blockchain vivió su etapa de crecimiento más frenética. Bitcoin saltó de 1 000 a 20 000 dólares en el año, mientras los smart contracts de Ethereum revolucionaban el sector cripto. En pleno auge del capital, EOS apareció como el proyecto más ambicioso de la era ICO, presentado como 'Blockchain 3.0' y con la misión declarada de 'reemplazar a Ethereum'.
Para entender el fracaso de EOS hay que analizar sus inicios. El whitepaper de EOS proyectó una visión idealista que fascinó a los inversores. Ofrecía un millón de TPS (transacciones por segundo), asegurando que resolvería los problemas de escalabilidad de Bitcoin y Ethereum. Prometía cero comisiones, eliminando las gas fees que limitaban la adopción. Con bloques ultrarrápidos gestionados por 21 supernodos, EOS se presentaba como un superordenador descentralizado que haría realidad las DApps. Esta promesa tecnológica conectó con los anhelos de la comunidad cripto.
La credibilidad del proyecto recaía especialmente en su fundador, BM (Dan Larimer), considerado un visionario del sector. Su trayectoria era notable: sugirió a Satoshi Nakamoto revisar el consenso de Bitcoin, fundó BitShares y Steemit, y fue reconocido como uno de los ingenieros más brillantes del sector. BM, además, tenía un idealismo utópico y creía que la blockchain podía transformar la sociedad humana. Junto a un equipo de marketing de primer nivel, la ambición de EOS se mostró sin reservas.
El 26 de junio de 2017, EOS inició su crowdfunding, planificado para durar un año completo, a diferencia de la mayoría de ICOs, que duraban solo semanas o meses. La respuesta fue abrumadora: 185 millones de dólares recaudados en las primeras 24 horas. Al cerrar la campaña, EOS había reunido 4 200 millones, la mayor financiación en la historia de las criptomonedas, muy por encima de los 18,5 millones de Ethereum.
Con 4 200 millones de dólares, EOS se convirtió en una superpotencia financiera dentro del criptoecosistema. En abril de 2018, el precio de EOS saltó de 5 a 23 dólares, un crecimiento mensual del 360 %, situándose como la quinta mayor criptomoneda por capitalización, solo por detrás de Bitcoin, Ethereum, Ripple y Bitcoin Cash. Los medios se disputaban titulares como 'EOS será la primera criptomoneda del billón' y 'BM es el próximo Satoshi Nakamoto'. Incluso desarrolladores de Ethereum temían que el ascenso de EOS marcara el declive de Ethereum.
Las elecciones de supernodos atrajeron la atención global como un evento geopolítico. Participaron figuras como Li Xiaolai y Lao Mao, mientras grandes exchanges, pools de minería y fondos tradicionales se sumaban. Esta elección fue llamada el 'IPO de Wall Street de la blockchain'. Comunidades de China, EE. UU. y Corea del Sur protagonizaron lo que algunos llamaron una 'guerra nacional de criptomonedas', con la comunidad surcoreana afirmando que 'no votar es no ser coreano'. Coin Capital de Li Xiaolai controlaba cuatro almacenes de votos, y la banda de Wenzhou realizó compras de EOS de ocho cifras. El entusiasmo y la inversión hacían prever un éxito sin precedentes.
Sin embargo, bajo la celebración, todo se sostenía sobre una torre de Babel de código y dinero: bonita en apariencia, pero inestable en el fondo.
En pleno auge, surgieron silenciosamente problemas críticos. El sistema de votación de EOS fue muy criticado por su vulnerabilidad al control de grandes holders, poniendo en duda la descentralización real de los supernodos. Tras el lanzamiento de la mainnet, aparecieron varios problemas técnicos, y los desarrolladores comenzaron a cuestionar la estabilidad de la red. La implicación de grandes exchanges y consorcios corrompió la supuesta equidad de las elecciones de supernodos, generando fisuras en la comunidad. Además, los continuos cambios de BM en la gobernanza generaron caos y minaron la confianza comunitaria.
Pese a todo, el mercado seguía eufórico, y las dudas quedaban eclipsadas por el relato de que 'EOS va a cambiar el mundo'. En esa época dorada, sus seguidores creían que EOS sería el gran dominador de la blockchain. Pero la realidad fue mucho más dura que los sueños idealistas, y pocos imaginaron el declive tan rápido de un proyecto tan venerado.
En el lanzamiento de EOS, la escalabilidad era el reto clave de la blockchain. Bitcoin solo procesaba 5-6 transacciones por segundo, Ethereum unas 20, cifras muy lejos de las necesidades reales. Por ejemplo, en el festival Doble 11 de Tmall (Alibaba), el pico superó 100 000 transacciones por segundo. Por eso, la promesa de un millón de TPS de EOS fascinó a la comunidad cripto.
La realidad fue muy distinta. Cuatro meses tras el lanzamiento de la mainnet, el máximo alcanzado por EOS fue de 3 996 TPS, una fracción del millón prometido. Mientras, Ethereum mejoró con soluciones Layer 2 y plataformas como Solana y otros competidores eliminaron la ventaja de EOS.
Investigaciones revelaron que la promesa del 'millón de TPS' era un juego de palabras. BM había introducido de forma silenciosa una condición clave: se requería un ecosistema de side chains con escalabilidad infinita. En este marco, si una cadena soportaba 4 000 transacciones y 100 side chains funcionaban en paralelo, podrían alcanzar 400 000 TPS teóricos. Sin embargo, en 2024 EOS solo había lanzado tres side chains, dos de ellas 'cadenas fantasma' abandonadas por sus desarrolladores. BM, ante las críticas, anunció nuevas investigaciones en escalabilidad, mientras el valor de EOS ya había salido del top 20.
Más allá de la decepción con el TPS, la usabilidad fue el gran problema de EOS. Aunque las transacciones eran sin comisiones explícitas, los usuarios debían bloquear tokens para obtener CPU. En congestión, el staking era severo: se llegó a bloquear CPU por valor de 5 EOS solo para transferir 10 EOS. Este mecanismo dejaba fondos congelados en épocas de alta demanda. En un pico de uso de DApps en 2020, usuarios descubrieron que 2 000 EOS solo daban 1,3 segundos de CPU, obligando a hacer más de diez operaciones para una transferencia simple.
Para empeorar, BM puso un límite al suministro de RAM, lo que disparó la especulación y multiplicó el precio de la RAM por 100. Los desarrolladores afrontaron costes prohibitivos para adquirir almacenamiento. En pocos meses de 2018, la RAM pasó de 0,01 EOS/KB a 0,9 EOS/KB, encareciendo el desarrollo DApp y forzando el abandono de muchos proyectos nuevos.
Este modelo de gestión de recursos generó una experiencia de usuario aún peor que en Ethereum. En Ethereum se paga gas fee y se termina la transacción; en EOS hay que entender un complejo sistema de colateral y, muchas veces, gastar mucho en CPU y RAM. Esta barrera frenó el desarrollo del ecosistema DApp, minando la propuesta central de EOS.
Pese a la mala experiencia, EOS vivió un auge de actividad entre finales de 2018 y principios de 2019, sobre todo gracias a DApps de apuestas. El 24 de diciembre de 2018, los datos de los ecosistemas DApp de ETH, EOS y TRON eran: EOS tenía 75 346 usuarios, superando a TRON (45 777) y ETH (33 495); registró 23 878 369 transacciones (más que TRON, 13 803 322, y ETH, 413 019); y procesó 345 millones de dólares en volumen (frente a 135 millones de TRON y 44 millones de ETH). Todo ello mostraba actividad real y entusiasmo, lo que explica la nostalgia de muchos veteranos por la época EOS.
BM tenía una fe absoluta en el modelo de gobernanza de EOS, convencido de que 21 nodos bien diseñados superarían a Ethereum. Su visión: dos tercios de los nodos actuarían con honestidad y la comunidad eliminaría a los maliciosos, creando una utopía. Pero la realidad desmontó el modelo.
Tres meses tras el lanzamiento de la mainnet, el soborno entre nodos era ya habitual. Para asegurarse recompensas, grandes holders y nodos pactaban votos mutuos. Más grave aún, algunos nodos actuaban de forma maliciosa, evidenciando el fracaso de la gobernanza. Cuando unos fondos fueron robados por hackers, la solución exigía que los 21 supernodos bloquearan la dirección del hacker. Un nodo no lo hizo, permitiendo que el hacker transfiriera fondos durante su turno de bloque, como si nada.
BM intentó imponer límites con la Constitución EOS, pero pronto comprobó que era ineficaz. Los propios supernodos, beneficiados por el soborno, no tenían interés en aplicar la Constitución. El arbitraje era inoperante, sin fuerza real.
La gobernanza fue un fracaso continuo. Antes de lanzar la mainnet, BM introdujo una Constitución EOS que debía regular el comportamiento en la red. Pero en pocos meses se revisó varias veces, generando descontento. En junio de 2018, la Constitución daba a los supernodos autoridad de arbitraje sobre las transacciones; tras abusos de poder, BM la modificó semanas después, prohibiendo la intervención de nodos. En 2019, BM propuso abolir la Constitución y pasar a la 'gobernanza por contrato de usuario', sumiendo a la comunidad en el caos y la incertidumbre. Este modelo cambiante destruyó la confianza de desarrolladores e inversores.
Durante esta crisis, BM y la empresa matriz fueron desatendiendo la mainnet de EOS y centraron el foco en el software EOSIO. BM defendía que 'el futuro de la blockchain está en las aplicaciones empresariales', promoviendo EOSIO como plataforma para cadenas privadas y dejando de lado la red pública. Las actualizaciones críticas de la mainnet casi se paralizaron, y mejoras clave como cross-chain o expansión de almacenamiento se retrasaron.
Estas decisiones provocaron el colapso del ecosistema. Mientras Ethereum crecía con fuerza en DeFi, NFTs y otras aplicaciones, la base de desarrolladores de DApps en EOS se contrajo. En 2022, EOS perdía casi 100 desarrolladores al mes y numerosos exploradores y monederos desaparecieron.
A finales de 2019, EOS cayó por debajo de 5 dólares, llegando a mínimos de 1,8, un desplome del 90 % desde su máximo de 23. Cuando los supernodos entraron en crisis, los desarrolladores se marcharon y la liquidez desapareció, el ecosistema de EOS necesitaba desesperadamente el apoyo de la empresa matriz.
La comunidad se preguntó: ¿dónde están los 4 200 millones de dólares? La empresa matriz recaudó esa suma para el desarrollo a largo plazo, ayudar a desarrolladores y fomentar la innovación. Pero cuando pidieron financiación, la empresa solo entregó cheques de 50 000 dólares, insuficientes para cubrir el salario de un programador en Silicon Valley durante dos meses.
El 19 de marzo de 2019, BM explicó en un correo a los stakeholders: en febrero de 2019, los activos totales (efectivo y fondos invertidos) ascendían a 3 000 millones de dólares. De estos, unos 2 200 millones estaban invertidos en bonos del Tesoro estadounidense, definidos como 'liquid fiat assets'. El resto se destinó a proyectos sin conexión con EOS: la empresa de videojuegos Forte, la plataforma NFT Immutable o un resort en Puerto Rico, entre otros. Todas tenían en común su escasa relación con el ecosistema EOS.
La única apuesta relevante de la empresa matriz para EOS fue Voice, una plataforma social sobre smart contracts de EOSIO. Invirtieron 150 millones en su desarrollo, de los cuales 30 millones se destinaron a la compra de un dominio. Pero Voice fue un fracaso: el primer evento duró solo media hora y fue decepcionante, hundiendo el precio de EOS y generando desilusión. Cuando, seis meses después, se lanzó la versión iOS en la Apple Store, la plataforma estaba plagada de errores. El sitio oficial mostraba mensajes de error, alegando protección ante ataques. Los holders de EOS se sintieron traicionados. Voice anunció su cierre progresivo en septiembre de 2023.
La filosofía inversora de la empresa matriz—muchas promesas, poca acción—se hizo evidente. Tras el fiasco de Voice, la empresa no realizó nuevas inversiones y quedó inactiva. Hoy, la empresa matriz gestiona una importante reserva de Bitcoin, multiplicando su patrimonio desde los 3 000 millones de 2019, una lección de gestión de activos. Pero EOS no recibió apoyo de esos fondos.
En contraste, la Ethereum Foundation y otras fundaciones blockchain siguieron subvencionando a desarrolladores y fomentando la innovación tecnológica. La empresa matriz de EOS no hizo nada. Un inversor temprano preguntó indignado en foros: '¡Invertimos en EOS para revolucionar la blockchain, no para que la empresa matriz especule con Bitcoin!'
La gobernanza interna de la empresa matriz también resultó problemática. Se convirtió en una empresa familiar centrada en el CEO Brendan Blumer, excluyendo a BM del poder. Familiares de Blumer ocuparon cargos ejecutivos, con logros limitados a cambios de imagen, pero sin avances en el ecosistema. BM reconoció no tener 'ningún poder de decisión', y vio como los recursos se destinaban a EOSIO, un toolkit empresarial sin relación con la mainnet de EOS.
En 2021, la comunidad intentó cortar el control de la empresa matriz. La EOS Foundation, en nombre de la comunidad, inició negociaciones, pero tras un mes no hubo acuerdo. Finalmente, la EOS Foundation y 17 nodos retiraron el control a la empresa matriz y la expulsaron del equipo de gestión de EOS.
Tras la ruptura, la comunidad EOS afrontó años de litigios por los fondos, pero la empresa matriz mantuvo el control y los derechos de uso. Más irónicamente, desde 2024 BM apenas ha hablado de blockchain, centrándose en debates teológicos, interpretación bíblica, análisis geopolítico y críticas al cristianismo tradicional.
Al repasar estos siete años de historia cripto, el colapso de EOS es una advertencia para toda la industria y responde con claridad por qué fracasó. Por muy alto que sea el TPS prometido o por sofisticado que sea el modelo de recursos, si la experiencia de usuario es tan compleja que ahuyenta al público, todo es en vano. El antes llamado 'asesino de Ethereum' terminó hundido en su propio modelo económico, una gobernanza caótica y estancamiento tecnológico.
Hace siete años, EOS recaudó 4 200 millones de dólares mediante crowdfunding, celebrado como el mayor hito financiero del sector blockchain. Hoy, esta historia es la mayor lección de advertencia para las criptomonedas: ni el capital, ni la visión ni la tecnología bastan sin una ejecución impecable, una comunidad realmente implicada y apoyo continuo. EOS no mató a Ethereum; se destruyó a sí mismo.
EOS perdió relevancia por problemas de centralización, una comunidad de desarrolladores más débil frente a Ethereum y menor adopción. Además, su modelo de gobernanza recibió fuertes críticas internas.
EOS sufrió problemas de gobernanza, bajo volumen de transacciones, escasa adopción por desarrolladores y competencia de blockchains más rápidas. El gran entusiasmo inicial no se tradujo en crecimiento real ni utilidad para el ecosistema.
EOS está cayendo por el sentimiento negativo del mercado y la falta de desarrollos relevantes. La confianza inversora y las tendencias generales del mercado son factores clave en su descenso.
EOS sufrió desafíos como cuentas congeladas por sospechas de robo, lo que dañó la confianza de los usuarios. No logró superar a Ethereum y perdió protagonismo y adopción en el mercado.











