

El ritmo de entrada de estadounidenses al mercado de inversiones ha caído drásticamente desde los años de auge de las criptomonedas entre 2019 y 2021. De acuerdo con el estudio de FINRA Investor Education Foundation, solo el 8 % de los inversores encuestados en 2024 empezó a invertir en los dos últimos años, una caída significativa frente al 21 % que lo hizo en el periodo previo al estudio de 2021. Esta disminución marca el fin de la ola de participación impulsada por la pandemia y pone término al crecimiento minorista que definió los primeros años de la década de 2020.
La retirada es especialmente marcada entre los más jóvenes. La tasa de participación de inversores menores de 35 años bajó del 32 % en 2021 al 26 % en 2024, borrando los avances logrados durante el auge del mercado. Este giro es relevante porque los jóvenes fueron los más entusiastas en adoptar criptomonedas y otros activos de alto riesgo en la pandemia. Asimismo, las tasas de inversión han caído entre personas racializadas y hombres, revirtiendo los incrementos registrados tres años atrás e indicando una retirada generalizada de la actividad inversora.
La evolución en la composición del grupo inversor revela mucho sobre la dinámica del mercado. La edad media de quienes ingresaron entre 2019 y 2021 pasó de 31 a 38 años, lo que indica que muchos jóvenes han abandonado el mercado. Este cambio sugiere que la democratización de la inversión durante la pandemia fue transitoria, con muchos inversores novatos saliendo tras experimentar volatilidad o pérdidas.
Además de la menor entrada de nuevos participantes, los inversores estadounidenses han reducido sus posiciones en activos de alto riesgo. Las criptomonedas, antes consideradas una oportunidad atractiva por inversores minoristas, ahora son vistas como extremadamente o muy riesgosas por el 66 % de quienes conocen los activos digitales, frente al 58 % en 2021. Esta percepción se traduce en cambios de comportamiento: la proporción de inversores con acciones de centavo, REIT, colocaciones privadas y notas estructuradas ha vuelto a niveles de 2018 tras aumentos puntuales durante la pandemia.
La disposición de los inversores a asumir riesgos significativos se ha reducido en todos los segmentos demográficos. El porcentaje de estadounidenses dispuestos a asumir riesgos sustanciales cayó al 8 % en 2024 desde el 12 % en 2021, con el descenso más pronunciado entre los jóvenes que antes eran los más proclives al riesgo. En inversores menores de 35 años, los dispuestos a asumir riesgos importantes pasaron del 24 % al 15 %, lo que contradice sus objetivos y creencias financieras manifestadas.
Esta caída en el apetito de riesgo revela una paradoja en la psicología inversora. Aunque hay menos disposición a asumir grandes riesgos, el 62 % de los menores de 35 años sigue pensando que debe arriesgar para alcanzar sus metas financieras. Esta contradicción sugiere una disonancia cognitiva: los jóvenes reconocen la necesidad de crecer, pero se muestran más cautos por experiencias de mercado o cambios económicos.
Pese a la menor tolerancia global al riesgo, los inversores jóvenes siguen realizando operaciones potencialmente más arriesgadas. Según FINRA, el 43 % de los menores de 35 opera con opciones, frente al 10 % de los mayores de 55. El 22 % de los jóvenes compra con margen, frente al 4 % de los mayores. Estas cifras muestran que, aunque la tolerancia general al riesgo ha bajado, los más jóvenes siguen optando por estrategias de trading de alto riesgo en proporciones muy superiores a los mayores.
El fenómeno de las acciones meme y las inversiones virales sigue atrayendo a un segmento relevante de jóvenes. El estudio indica que el 13 % de todos los inversores ha comprado acciones meme o activos virales en redes sociales, cifra que sube al 29 % entre los menores de 35. Este comportamiento demuestra que las tendencias impulsadas por redes sociales continúan influyendo, a pesar del retroceso general en la asunción de riesgos.
El descenso del interés por las cripto es más marcado entre quienes llevan menos tiempo en el mercado. El porcentaje de inversores con menos de dos años de experiencia que consideran activos digitales bajó del 61 % en 2021 al 48 % en 2024, mientras que la caída es menor entre los más experimentados. Entre los menores de 35, la consideración de criptomonedas pasó del 62 % al 49 %, frente a descensos menos pronunciados en grupos de mayor edad. Esto indica que el enfriamiento del entusiasmo cripto es más severo entre quienes entraron al mercado en el pico de 2021 o después.
Aunque la tolerancia al riesgo disminuye entre los inversores estadounidenses, el impacto de las redes sociales en las decisiones de inversión sigue creciendo. FINRA detecta que los "Finfluencers" guían las decisiones del 26 % de los encuestados, y la cifra sube hasta el 61 % entre los menores de 35. Este auge ocurre a pesar de la mayor prudencia y sugiere que la forma en que los inversores buscan y consumen información financiera ha cambiado de fondo en los últimos años.
YouTube es la plataforma líder para información y formación en inversiones. El estudio revela que el 30 % de todos los inversores acude a YouTube para informarse, y el uso llega al 61 % entre los más jóvenes. Esta preferencia refleja tendencias generales en el consumo de medios, con el vídeo desplazando al análisis financiero tradicional escrito. El carácter visual y simplificado de YouTube resulta especialmente atractivo para nuevos inversores que buscan comprender conceptos complejos.
Las fuentes tradicionales siguen siendo relevantes, especialmente entre los jóvenes. El boca a boca de amigos y familiares es el principal canal de información para el 85 % de los menores de 35, superando las recomendaciones de profesionales financieros (67 %). Esto apunta a que la influencia de los pares y las redes personales es clave en las decisiones de inversión, y puede amplificar tanto oportunidades como riesgos al circular la información en los entornos sociales.
La dependencia de redes sociales y fuentes informales plantea cuestiones importantes sobre la educación y protección del inversor. Estas plataformas pueden democratizar el acceso a información financiera, pero también difundir errores o estrategias inadecuadas. La combinación de menor tolerancia al riesgo y mayor influencia de las redes sociales genera un entorno complejo, donde los inversores pueden ser más cautos y, a la vez, más susceptibles a tendencias virales.
La preocupación por el fraude en inversiones ha subido moderadamente: el 37 % teme perder dinero en estafas según el estudio, frente al 31 % en 2021. Sin embargo, el 89 % no cree haber sido víctima directa de fraude, lo que sugiere una brecha entre la alerta general y la vigilancia personal. Esto puede indicar que, aunque los inversores reconocen el fraude como amenaza abstracta, muchos no identifican los esquemas fraudulentos que enfrentan personalmente.
El estudio evidenció importantes lagunas en el conocimiento sobre fraude mediante una prueba práctica. Al recibir una oferta fraudulenta que prometía "rendimientos anuales garantizados y libres de riesgo del 25 %", cerca de la mitad de los inversores consideró invertir. Este dato revela que, aunque crece la preocupación general por el fraude, muchos no saben identificar señales claras como promesas de rentabilidad garantizada muy por encima del mercado o afirmaciones de altos rendimientos sin riesgo. Esta vulnerabilidad persiste incluso con menor tolerancia al riesgo, lo que sugiere que la educación inversora debe centrarse tanto en los riesgos de mercado como en la detección y prevención del fraude.
Según FINRA, la principal causa es el descenso de la tolerancia al riesgo. El aumento de la volatilidad y la incertidumbre económica lleva a los inversores a ser más prudentes. Además, las preocupaciones regulatorias, las caídas recientes del mercado y el giro hacia activos tradicionales contribuyen a la menor demanda de criptomonedas.
FINRA atribuye la caída a la incertidumbre económica, la volatilidad del mercado, la preocupación por la inflación y la menor confianza tras las últimas caídas y tensiones geopolíticas que afectan a las economías globales.
Es recomendable diversificar entre stablecoins y criptomonedas consolidadas, reducir el porcentaje asignado en cartera, aplicar dollar-cost averaging para entradas progresivas, establecer límites estrictos de stop-loss y centrarse en proyectos con fundamentos sólidos y baja volatilidad para alinearse con un apetito de riesgo más reducido.
Los activos cripto presentan mayor volatilidad, incertidumbre regulatoria y riesgos de liquidez. Manipulación de mercado, amenazas de seguridad y riesgos tecnológicos son más frecuentes que en inversiones tradicionales. Las fluctuaciones de precios pueden ser extremas y rápidas.
El menor interés inversor reducirá el volumen de trading y la entrada de capital, lo que puede estabilizar precios pero ralentizar el crecimiento. La adopción institucional y la claridad regulatoria serán claves para el desarrollo y recuperación a largo plazo del mercado.
Sí. Incluso los perfiles conservadores pueden beneficiarse de una asignación moderada en cripto(1-5 %)para diversificar. Bitcoin y criptomonedas consolidadas ofrecen potencial de preservación de valor a largo plazo. La acumulación estratégica en caídas de mercado mejora los resultados. Conviene empezar con poco y aumentar gradualmente según se gane experiencia.











