

El icónico juego de disparos en primera persona Doom ha superado las plataformas de juego tradicionales y ha llegado a redes blockchain como Bitcoin y Dogecoin, evidenciando su notable capacidad de adaptación. Esta llegada a redes descentralizadas supone una intersección fascinante entre la cultura gamer y la tecnología blockchain, y demuestra cómo los programas clásicos pueden encontrar nuevas aplicaciones en ecosistemas tecnológicos emergentes.
Mediante protocolos innovadores como Ordinals, aficionados han logrado inscribir versiones simplificadas de Doom directamente en la red Bitcoin. Ordinals es un avance importante que permite registrar datos adicionales en satoshis individuales, la unidad más pequeña de Bitcoin. Este concepto ha captado la atención de la comunidad blockchain al ofrecer una manera de asociar propiedades únicas y no fungibles a satoshis concretos, con una funcionalidad similar a los NFT de plataformas como Ethereum. El logro técnico de incrustar datos de juegos en una red de criptomonedas pone de relieve la versatilidad de la tecnología blockchain más allá de sus usos financieros originales.
Asimismo, la integración reciente de Doginals, que es la versión de Dogecoin del protocolo Ordinals, ha hecho posible jugar a la versión completa de Doom directamente en el navegador web. Esta solución permite a los usuarios acceder al juego completo sin necesidad de hardware especializado ni instalaciones de software, abriendo el acceso al clásico shooter desde infraestructuras descentralizadas. La integración de Doginals marca un hito, demostrando que las criptomonedas basadas en memes pueden ser soporte para sistemas complejos de almacenamiento y recuperación de datos.
Un estudio pionero realizado por estudiantes del Massachusetts Institute of Technology plantea que Doom podría ejecutarse mediante bacterias E. coli, yendo mucho más allá de redes como Bitcoin y Dogecoin y adentrándose en la computación biológica. Si bien este concepto experimental parece improbable a simple vista, resalta la creatividad y versatilidad que rodean al clásico juego, así como los nuevos enfoques que los investigadores exploran para probar diferentes sustratos de computación.
Lauren "Ren" Ramlan, investigadora y estudiante de posgrado en biotecnología del MIT, presentó un concepto innovador donde células de E. coli dispuestas en una placa de 32×48 pocillos actúan como píxeles individuales, conectadas a un sistema avanzado de control de pantalla. En este escenario experimental, los gráficos de Doom se transforman en señales bioquímicas que regulan la fluorescencia de las células, generando una representación visual biológica del juego. Las células reaccionan a estas señales modificando su fluorescencia, creando una pantalla viviente.
Aunque la experiencia de juego con este sistema biológico no es especialmente práctica, demuestra el potencial de combinar la ingeniería genética con el entretenimiento interactivo. El experimento muestra cómo la biología sintética puede aplicarse a tareas informáticas poco convencionales, abriendo nuevas vías de investigación en el procesamiento y visualización de información biológica.
Doom, lanzado originalmente en 1993 por id Software, narra la historia de un marine espacial que combate fuerzas demoníacas en una estación de investigación en Marte. La simplicidad argumental ocultaba su impacto revolucionario en la industria del videojuego, al incorporar gráficos 3D pioneros y capacidades de red multijugador que definirían los shooters en primera persona durante décadas.
Aunque el tamaño del archivo del juego sigue siendo muy reducido en comparación con los estándares actuales—apenas unos pocos megabytes para la versión original—revolucionó la industria gracias a su tecnología de motor innovadora, mecánicas inmersivas y arquitectura abierta a modificaciones. El juego dio lugar a una franquicia de enorme éxito que sigue vigente, con secuelas, spin-offs y reinterpretaciones que han vendido millones de copias en todo el mundo.
Las mecánicas poco convencionales y el diseño computacional eficiente de Doom han impulsado un movimiento duradero en la comunidad tecnológica para ejecutarlo en una gran variedad de dispositivos y plataformas no previstos. Los entusiastas han logrado correr Doom en cajeros automáticos, impresoras, calculadoras gráficas, construcciones con piezas Lego, cámaras digitales, frigoríficos inteligentes e incluso patatas conectadas a circuitos básicos. Este fenómeno se ha convertido en un referente cultural en el mundo tecnológico, con la pregunta "¿Puede ejecutar Doom?" como criterio semiserio para medir la capacidad de cualquier dispositivo electrónico.
El experimento de Ramlan con bacterias E. coli aporta una variante biológica única a la tendencia de ejecutar Doom en plataformas poco convencionales, llevando los límites al terreno de los sistemas vivos. Si bien la computación neuronal ha permitido previamente jugar Doom mediante redes neuronales artificiales que simulan el cerebro, programar células vivas para mostrar e interactuar con el juego introduce un enfoque completamente nuevo en la computación biológica.
Sin embargo, cabe señalar que ejecutar Doom únicamente con células de E. coli sería una tarea extremadamente lenta, debido a la baja velocidad de respuesta de los sistemas biológicos respecto a los circuitos electrónicos. La velocidad computacional de los procesos celulares haría que una sola partida pudiera durar siglos, convirtiéndose en una prueba de concepto más que en una plataforma de juego práctica.
Ramlan anima a explorar las posibilidades de usar sistemas celulares para gaming y visualización, y destaca la diversidad de aplicaciones creativas que ofrece la biología sintética. Como afirma en su investigación:
"Animo a la gente a imaginar qué jugarían o mostrarían en un sistema celular. Las oportunidades son tan diversas como en una pantalla de ordenador… solo que con mucho más tiempo de espera."
Esta visión subraya que, aunque la computación biológica no sustituirá a la electrónica convencional en la mayoría de los casos, abre nuevas posibilidades para integrar la computación en sistemas vivos, lo que podría impulsar la innovación en biosensores, diagnósticos médicos y materiales bio-responsivos. Los experimentos con Doom, tanto en redes blockchain como en cultivos bacterianos, demuestran cómo el software clásico puede inspirar enfoques innovadores en tecnología emergente.
Doom es una iniciativa de investigación multidisciplinar que conecta Bitcoin, Dogecoin y el microbioma intestinal mediante principios de redes descentralizadas y ciencia de distribución de datos. Estos campos comparten estructuras clave de seguridad criptográfica y de incentivos económicos que impulsan la innovación en sistemas distribuidos.
Doom utiliza Bitcoin y Dogecoin como sistemas de pago para transacciones dentro del juego e interacciones en la cadena. Estas criptomonedas permiten trading descentralizado, transferencias de activos y funcionalidad cruzada dentro del ecosistema de Doom, mejorando la accesibilidad y eficiencia de las transacciones.
Doom no tiene conexión directa con la investigación sobre la microbiota intestinal. Este proyecto combina innovación en criptomonedas con temáticas poco convencionales para fomentar la participación comunitaria y la diferenciación en el sector blockchain.
El 'Viaje poco convencional' de Doom describe su expansión pionera por varias redes blockchain—Bitcoin, Dogecoin y aplicaciones biotecnológicas emergentes. Su innovación está en la interoperabilidad entre cadenas, la combinación de mecánicas de juego con integración en finanzas descentralizadas y el desarrollo de casos de uso inéditos que unen el gaming tradicional con Web3 y la biotecnología.
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El proyecto Doom integrará herramientas de desarrollo remoto para ofrecer métodos innovadores de análisis de datos en los sectores de criptomonedas y biotecnología, mejorando la eficiencia de la colaboración remota y acelerando el avance tecnológico en estos campos emergentes.











