
Jack Mallers, fundador de la empresa de pagos con Bitcoin Strike, anunció en Twitter que JPMorgan Chase había cerrado su cuenta bancaria personal. Esta revelación generó un intenso debate en la comunidad cripto sobre las relaciones entre las entidades financieras tradicionales y los negocios del sector. La carta de cierre, fechada el 2 de septiembre de 2025, detallaba los motivos específicos de la terminación de los servicios, destacando la tensión persistente entre la banca tradicional y el ecosistema de activos digitales en expansión.
El anuncio sorprendió a numerosos profesionales del sector, ya que Mallers es un referente en adopción de Bitcoin y desarrollo de infraestructuras de pago. Bajo su liderazgo, Strike se ha consolidado como un puente entre las finanzas clásicas y los pagos con criptomonedas, lo que hace que el cierre de su cuenta sea especialmente relevante para los analistas del sector.
De acuerdo con la comunicación oficial de JPMorgan Chase, el cierre de la cuenta respondió a patrones de actividad inusuales y preocupaciones de cumplimiento en relación con la Bank Secrecy Act (BSA). Esta normativa federal obliga a las instituciones financieras a colaborar con las autoridades en la detección y prevención del blanqueo de capitales. Los bancos deben monitorizar las cuentas de sus clientes, identificar transacciones sospechosas y reportar actividades que puedan indicar delitos financieros.
La carta señalaba específicamente problemas de cumplimiento como causa principal, lo que sugiere que los sistemas internos de supervisión detectaron operaciones o patrones que requerían atención adicional. Aunque la naturaleza exacta de la «actividad inusual» no se hizo pública, estas decisiones suelen basarse en sistemas automatizados de evaluación de riesgos que analizan volumen, frecuencia y relaciones entre contrapartes.
Es relevante destacar que los bancos disponen de amplia discrecionalidad para seleccionar a sus clientes, y los cierres de cuentas por motivos de cumplimiento son cada vez más comunes en el entorno cripto. Las entidades financieras suelen adoptar políticas conservadoras con empresas vinculadas a criptomonedas para reducir el riesgo regulatorio.
Strike es una plataforma de pagos que permite a los usuarios enviar y recibir fondos utilizando la Lightning Network de Bitcoin, ofreciendo transacciones casi instantáneas y comisiones mínimas. La compañía ha sido reconocida por su enfoque innovador en pagos internacionales y remesas, empleando Bitcoin como capa de liquidación y ofreciendo interfaces en moneda fiduciaria.
Jack Mallers ha defendido activamente la adopción de Bitcoin, especialmente en el ámbito de los sistemas de pago y la inclusión financiera. Alcanzó notoriedad internacional cuando Strike facilitó la adopción de Bitcoin como moneda de curso legal en El Salvador, aportando la infraestructura tecnológica para la wallet nacional. Sus esfuerzos se centran en mostrar la utilidad de Bitcoin como red de pagos, más allá de su función especulativa.
Bajo la dirección de Mallers, Strike ha ampliado sus operaciones en varios países y ha firmado acuerdos con procesadores de pagos para integrar la liquidación en Bitcoin en la infraestructura financiera existente. La empresa es exponente de una nueva generación de negocios que busca conectar las finanzas tradicionales con el ecosistema cripto.
El cierre de la cuenta de Mallers ilustra los desafíos recurrentes que enfrentan las empresas y particulares del sector cripto para mantener relaciones bancarias. En los últimos años, numerosas compañías y emprendedores han vivido situaciones similares, con entidades bancarias que alegan motivos regulatorios, políticas de gestión de riesgos o exigencias de cumplimiento para justificar la terminación de servicios.
Este fenómeno, conocido como «de-banking» en la comunidad cripto, ha generado importantes retos operativos para las empresas del sector. Mantener relaciones bancarias estables es fundamental para el procesamiento de nóminas, pagos a proveedores y otras operaciones diarias. Por ello, algunas organizaciones han optado por diversificar sus relaciones bancarias o buscar entidades más abiertas a atender al sector cripto.
Los bancos tradicionales se enfrentan a marcos regulatorios complejos cuando gestionan actividades relacionadas con criptomonedas. Los departamentos de cumplimiento deben adaptarse a normativas en constante evolución, requisitos de prevención del blanqueo de capitales y sistemas de evaluación de riesgos no siempre diseñados para activos digitales. Esta incertidumbre suele llevar a las entidades a adoptar estrategias muy conservadoras, limitando o cancelando servicios a clientes cripto.
JPMorgan Chase, pese a su tamaño y recursos, mantiene una postura cautelosa ante las empresas del sector, incluso mientras explora la tecnología blockchain para sus propias operaciones. La entidad invierte en investigación y desarrollo de blockchain y, al mismo tiempo, aplica políticas estrictas sobre las relaciones con negocios cripto.
El cierre de la cuenta plantea interrogantes clave sobre el acceso financiero y el futuro de la integración de las criptomonedas en el sistema financiero tradicional. Estos incidentes evidencian la necesidad de marcos regulatorios más claros, que ofrezcan certidumbre tanto a bancos como a empresas cripto respecto a los requisitos de cumplimiento y las prácticas aceptadas.
Desde una perspectiva general, estas dificultades bancarias pueden impulsar el desarrollo de alternativas financieras específicamente diseñadas para el sector cripto. Algunos expertos consideran que la reiteración de episodios de «de-banking» podría fomentar la innovación en soluciones de finanzas descentralizadas o el surgimiento de entidades especializadas en servir a negocios de activos digitales.
Para Jack Mallers, el cierre de la cuenta puede ser un incentivo para reforzar su defensa de la libertad financiera y de los sistemas de pago sin permisos. Su caso ejemplifica la tensión entre los guardianes financieros centralizados y la visión del movimiento cripto de servicios abiertos y accesibles.
La situación también pone de relieve la importancia de un diálogo regulatorio entre empresas del sector, entidades financieras tradicionales y organismos supervisores. El establecimiento de directrices claras y vías de cumplimiento ayudaría a reducir la incertidumbre y facilitar relaciones más sostenibles entre estos actores, favoreciendo la innovación y la libertad de elección en los servicios financieros.
JPMorgan Chase cerró la cuenta personal de Jack Mallers por motivos regulatorios. Esta medida ha generado preocupación por la tendencia al cierre de cuentas que afecta a líderes de la industria cripto y plataformas de pagos con Bitcoin.
El cierre de la cuenta en JPMorgan Chase puede suponer un obstáculo temporal para las operaciones transfronterizas y las relaciones bancarias de Strike. Sin embargo, la infraestructura basada en blockchain de la compañía sigue funcionando con normalidad. Esto podría acelerar el giro de Strike hacia soluciones descentralizadas y fortalecer su apuesta por la adopción de Bitcoin y Lightning Network, mejorando su posicionamiento a largo plazo.
JPMorgan Chase aplica estrictas políticas de cumplimiento para gestionar riesgos regulatorios y proteger sus intereses institucionales. Los bancos optan por posturas cautelosas hacia compañías cripto debido a las preocupaciones sobre el blanqueo de capitales y la evolución de los marcos normativos en el sector de activos digitales.
Strike es una empresa de servicios financieros que ofrece asesoramiento en fusiones y adquisiciones, consultoría financiera, valoración de empresas, servicios de due diligence y soluciones de soporte empresarial para compañías.
El cierre de cuentas de empresas cripto sin el debido proceso puede ser ilegal. Los fundadores pueden recurrir a la vía judicial, presentar reclamaciones ante los reguladores o tramitar recursos administrativos para impugnar el cierre indebido de la cuenta.
Las entidades financieras tradicionales reconocen cada vez más las criptomonedas como activos legítimos para su integración en el sistema financiero, pasando del escepticismo a una aceptación cautelosa y la adopción institucional a través de productos de inversión regulados.











