
(Fuente: a16zcrypto)
En los últimos años, las afirmaciones de que los ordenadores cuánticos están a punto de romper toda la criptografía se han vuelto cada vez más habituales, lo que ha impulsado la demanda de una adopción inmediata y generalizada de la criptografía poscuántica. Sin embargo, estos argumentos suelen pasar por alto dos aspectos clave:
Ignorar estas diferencias puede llevar a tomar malas decisiones en materia de costes, rendimiento y seguridad.
Un ordenador cuántico criptográficamente relevante no es simplemente un dispositivo experimental que demuestre ventaja cuántica. Se trata de un sistema cuántico tolerante a fallos capaz de ejecutar el algoritmo de Shor en un plazo razonable para romper realmente RSA-2048 o secp256k1.
Según los avances públicos actuales, ninguna de las arquitecturas líderes (cuántica superconductora, trampa de iones o átomo neutro) ha alcanzado el número necesario de qubits lógicos ni la profundidad de corrección de errores requerida. Incluso los sistemas con más de mil qubits físicos no permiten un criptoanálisis real. Los medios y las empresas suelen recurrir a términos ambiguos como "ventaja cuántica" o "qubits lógicos" para crear sensación de urgencia, pero todavía existe una diferencia de varios órdenes de magnitud entre estos hitos y una amenaza real para la criptografía.
En las pruebas de conocimiento cero (zkSNARK), el escenario de amenaza cuántica es similar al de las firmas digitales:
Mientras la prueba se genere antes de que los ordenadores cuánticos estén disponibles, su validez no podrá ser cuestionada retroactivamente. El riesgo real solo afecta a las pruebas creadas después de que los ordenadores cuánticos sean operativos.
En las cadenas públicas no orientadas a la privacidad, como Bitcoin y Ethereum, la criptografía se utiliza principalmente para autorizar transacciones, no para cifrar datos:
Por eso, aplicar el riesgo HNDL directamente a Bitcoin es un error común pero grave.
Las cadenas de bloques orientadas a la privacidad, que ocultan los importes y destinatarios de las transacciones, podrían enfrentarse al descifrado retroactivo de transacciones históricas si sus datos cifrados se ven comprometidos en el futuro. Estas cadenas sí deben considerar soluciones poscuánticas o híbridas lo antes posible.
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La criptografía poscuántica es, sin duda, el futuro. Para las comunicaciones cifradas que requieren confidencialidad a largo plazo, actuar de inmediato es esencial. Sin embargo, en las firmas de cadenas de bloques y los sistemas de conocimiento cero, actuar prematuramente puede suponer costes innecesarios. Solo alineando con precisión los niveles de amenaza y la madurez tecnológica evitaremos incurrir en riesgos de implementación antes de que llegue realmente la era cuántica.





