Comprendiendo el significado de las acciones ADR: Lo que todo inversor internacional debe saber

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¿Quieres invertir en empresas extranjeras a través de una bolsa estadounidense? Entonces quizás te encuentres con una herramienta financiera: el ADR (American Depositary Receipt), que permite a los inversores comunes negociar acciones internacionales sin necesidad de abrir una cuenta en el extranjero. Pero detrás de esta conveniencia se esconden algunos detalles que pueden hacerte tropezar.

Por qué surgió el ADR

Antes del ADR, para los inversores estadounidenses era un auténtico infierno comprar acciones en el extranjero. Tenías que cambiar divisas, abrir cuentas en brokers extranjeros, hacer órdenes en bolsas locales (que suelen estar en diferentes husos horarios, por lo que quizás tengas que quedarte despierto toda la noche), y además estar atento a las fluctuaciones del tipo de cambio. El ADR nació para solucionar este problema.

Cuando una empresa extranjera o sus accionistas depositan acciones en un banco custodio en EE. UU., este emite un certificado ADR. En pocas palabras, un ADR es como la “tarjeta de identidad” en EE. UU. de esas acciones extranjeras. Luego podrás negociarlas en la bolsa estadounidense o en el mercado extrabursátil, como si fueran acciones locales.

Aquí hay un concepto importante que hay que aclarar: las acciones extranjeras que corresponden a un ADR se llaman “American depositary share” (ADS), aunque en la práctica ambos términos se usan a menudo indistintamente.

También hay que tener en cuenta que los ADR se dividen en dos tipos: sponsorizados y no sponsorizados. Los sponsorizados implican que la propia empresa extranjera colabora activamente con el banco custodio en EE. UU.; los no sponsorizados son creados por los brokers de forma autónoma, sin participación de la empresa.

Diferencias clave entre ADR y acciones normales

Este es el punto donde más confusión suele haber.

Las acciones normales en EE. UU. suelen tener una proporción uno a uno, pero los ADR no. Un ADR puede representar 1 acción, una fracción o varias acciones extranjeras. Esto afecta mucho a tu análisis y decisiones.

Imagina que la moneda del país A frente al dólar es 0,25 (1 unidad local = 0,25 USD), y que una empresa en esa bolsa cotiza a 1 unidad local por acción (equivalente a 0,25 USD). Cuando esa acción se empaqueta en un ADR, quizás 100 acciones se agrupen en un solo ADR, por lo que ese ADR en EE. UU. valdría 25 dólares.

Si no prestas atención a la proporción de conversión (conversion ratio), puedes cometer un error fatal—pensar que la acción extranjera “realmente” vale 25 dólares, cuando en realidad el activo subyacente solo vale 0,25 USD. La proporción de conversión te indica cuántas acciones del país A equivalen a un ADR (por ejemplo, 100:1).

Este detalle es especialmente importante al analizar el beneficio por acción (EPS) o el ratio P/E. Debes entender si estos datos están basados en las acciones subyacentes o en el ADR en sí.

El nivel de regulación de la SEC determina la transparencia

No todos los ADR son iguales. La Comisión de Bolsa y Valores de EE. UU. (SEC) los clasifica según diferentes estándares:

ADR de nivel 1: negociados en mercado extrabursátil, son los únicos que pueden ser no sponsorizados. Los requisitos de reporte son mínimos, no es obligatorio presentar informes trimestrales o anuales según las normas GAAP de EE. UU. Esto significa que la información es escasa y difícil compararla con empresas listadas en EE. UU., el riesgo es máximo. Si no sabes comprar acciones de centavo en EE. UU., mejor no te metas con ADR de nivel 1.

ADR de nivel 2: deben registrarse en la SEC y presentar informes anuales, con requisitos de reporte más estrictos.

ADR de nivel 3: los más estrictos, implican una oferta pública inicial (IPO) en EE. UU. mediante el formulario F-1, lo que implica mayor transparencia y regulación. Además, estos ADR pueden emitir acciones en bolsa estadounidense para financiarse. Desde el punto de vista comparativo, los ADR de nivel 3 son los más fáciles de comparar “manzana con manzana” con las acciones estadounidenses.

Costes ocultos y complejidad fiscal

Los titulares de ADR deben pagar tarifas de custodia, que van a parar al banco custodio que guarda las acciones en el extranjero. Normalmente, estas tarifas oscilan entre 0,01 y 0,03 USD por acción, y el monto exacto se indica en el folleto del ADR.

El tema fiscal es aún más complejo. Aunque las ganancias de capital y los dividendos en EE. UU. aplican a los ADR, los gobiernos extranjeros también retienen impuestos sobre los dividendos. Por ejemplo, los dividendos que recibes pueden ser parcialmente retenidos por la autoridad fiscal del país donde está la empresa, según la legislación local y los tratados fiscales con EE. UU.

La buena noticia es que los impuestos retenidos en el extranjero suelen ser deducibles en EE. UU., pero esto requiere consultar a un asesor fiscal especializado para gestionarlo correctamente.

No olvides el riesgo cambiario

Aunque el ADR se negocie en EE. UU., sigue expuesto a la volatilidad del tipo de cambio. Si tienes un ADR de una empresa europea, las fluctuaciones del euro frente al dólar afectarán tu inversión: a veces la acción sube, pero si el euro se devalúa, al final puedes perder. Por eso, los precios de los ADR suelen ser más volátiles que las acciones en EE. UU.

Lista de verificación antes de invertir en ADR

  1. Verifica el nivel del ADR: los de nivel 3 son los más seguros, los de nivel 2 en medio, y los de nivel 1 los más riesgosos.
  2. Entiende la proporción de conversión: no te dejes engañar por precios en dólares que parecen muy altos.
  3. Observa el comportamiento en el mercado local: los ADR europeos tienden a seguir más a los mercados europeos que a los estadounidenses.
  4. Calcula el coste real: incluye tarifas de custodia, costes de cambio y fiscales.
  5. Consulta a un experto fiscal: la tributación de los ADR no es cosa menor.

En resumen, las acciones ADR facilitan la inversión internacional, pero detrás de esa puerta hay variables como la proporción de conversión, el nivel regulatorio, el riesgo cambiario, etc. Hacer una buena investigación es clave para aprovechar sus ventajas y evitar riesgos.

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