De repente: La regla de supervivencia de inversión de los "personajes del mercado de criptomonedas y acciones estadounidenses" en 2026

El tiempo pasa como un relámpago, y en un abrir y cerrar de ojos, 2025 ya es historia. La evolución de los mercados financieros globales en este año está remodelando profundamente el mapa cognitivo de cada inversor. Desde las idas y venidas en la geopolítica hasta los vaivenes en las expectativas macroeconómicas, desde la retirada de las narrativas cripto hasta la acelerada perfección de la infraestructura financiera tradicional, todo esto apunta en una misma dirección: TradFi y Web3 ya no son líneas paralelas, sino que están convergiendo a una velocidad sin precedentes.

En este momento clave, un grupo de Builders de primera línea se ha reunido para revisar los logros y errores del año pasado, examinar cada detalle de la tokenización de acciones estadounidenses desde el concepto hasta la negociación, y reflexionar en profundidad sobre lo que nos depara 2026. Esta visión colectiva quizás pueda ofrecer a aquellos inversores que pisan tanto el escenario de las acciones como el del cripto un mapa de acción más claro.

La rápida transformación de 2025: de narrativas impulsadas a valor en retorno

Al mirar hacia 2025, las palabras clave del mercado han cambiado notablemente. Si tuviéramos que resumir el giro principal del mercado de acciones estadounidenses en una sola palabra, sería de “impulsado por narrativas” a “valor en retorno”. Este cambio se refleja claramente en la devaluación de las narrativas de IA: el mercado ya no compra simplemente historias de “IA”, sino que empieza a exigir que los gigantes tecnológicos conviertan su gasto en capital en ingresos reales.

Al mismo tiempo, los activos tokenizados han entrado de lleno en la fase de implementación. En los años anteriores, las discusiones sobre la tokenización de acciones y la cadena de activos se centraban en hipótesis del tipo “¿qué pasaría si existiera esta herramienta?”. Pero en 2025, el foco del mercado se ha desplazado completamente a cuestiones prácticas: “¿Son útiles estas herramientas?, ¿tienen suficiente liquidez?, ¿se puede participar de forma sostenible?”. Los usuarios ya no se preocupan tanto por si los activos están en la cadena, sino por si son fáciles de negociar y si valen la pena mantener a largo plazo.

En este proceso de cambio rápido, la velocidad de integración entre finanzas tradicionales y Web3 se ha acelerado notablemente. Por un lado, la aplicación y el volumen de stablecoins en la vida cotidiana son cada vez más visibles; por otro, la tecnología cripto ha comenzado a formar parte de la infraestructura financiera tradicional, en lugar de ser solo un espectador. Esto significa que, aunque el mercado cripto en 2025 no haya mantenido un mercado alcista, su valor subyacente —una liquidación y compensación eficientes— está siendo gradualmente absorbido por el sistema financiero mainstream.

La introducción de acciones estadounidenses tokenizadas ha abierto una puerta completamente nueva. No se trata solo de poner acciones en la cadena, sino de ofrecer a los usuarios una vía natural para acceder a estos activos tradicionales familiarizados, en la cadena. Los usuarios no necesitan entender conceptos cripto complejos; pueden partir de activos conocidos (como acciones de Apple) y adentrarse en el “lego financiero” en la cadena: poseer, hacer staking, generar intereses, usar como apalancamiento, encapsular en derivados—estos estados pueden cambiarse instantáneamente y combinarse en múltiples formas. La “jugabilidad” que esto aporta es, quizás, la mayor innovación subestimada de 2025.

La trinidad de la liquidez en exceso: reordenamiento de acciones, BTC y activos Alt

Sobre el flujo de liquidez en 2026, un consenso clave está tomando forma: cuando el ciclo de bajada de la Fed entre en su fase media o final, la liquidez no fluirá de inmediato toda hacia las criptomonedas, sino que se irá filtrando en orden.

Primero, las acciones estadounidenses seguirán absorbiendo la mayor parte de la liquidez adicional. Esto se debe a que el mercado de acciones cuenta con un marco regulatorio maduro, una profundidad de liquidez suficiente y bases claras de flujo de caja. Para los inversores institucionales, las acciones siguen siendo el principal campo de batalla para captar capital, apalancar y gestionar riesgos. Cuando las valoraciones en EE. UU. alcancen niveles relativamente altos, será cuando el dinero sobrante comience a salir.

En segundo lugar, BTC será la segunda línea de defensa. Como el único activo de consenso en el mercado cripto que ha resistido la prueba del tiempo, Bitcoin suele actuar como amplificador de emociones: cuando aumenta la aversión al riesgo, lidera la subida general del mercado cripto.

Por último, llegarán las oportunidades en diversos activos Alt. Pero aquí hay una distinción importante: no todos los Altcoins podrán captar liquidez. Solo aquellos con flujo de caja real, atributos de infraestructura o casos de uso genuinos serán los que atraigan fondos marginales.

Más aún, la correlación entre acciones y criptomonedas probablemente disminuirá en 2026. No porque se desacoplen por completo, sino porque sus lógicas de valoración se están diferenciando: las acciones dependen cada vez más de beneficios y flujo de caja (fundamentales), mientras que los activos cripto se orientan hacia la utilidad en cadena y el flujo de caja de protocolos (utilidad). Esta diferenciación, en realidad, es una buena noticia para los inversores: indica que estamos entrando en una era de diversificación real.

La disputa por el poder de la valoración: evolución del papel de Nasdaq y DEX en la cadena

Con el aumento del volumen de negociación de acciones tokenizadas, surge una pregunta inevitable: ¿quién tendrá el control de la valoración de estos activos?

La respuesta a corto plazo es clara: Nasdaq y otros mercados tradicionales. No solo porque poseen la mayor liquidez y un marco regulatorio robusto, sino también por la existencia de mecanismos de control de riesgo muy sólidos. En el sistema de Nasdaq, los creadores de mercado, corredores, entidades de compensación y reguladores conforman un sistema con intereses y responsabilidades altamente vinculados: errores en los precios, distorsiones en la liquidez, volatilidad anómala, se traducen en pérdidas reales y riesgos regulatorios, incluso responsabilidad legal. El coste de cometer errores en este entorno es muy alto, lo que naturalmente obliga a que los precios se ajusten continuamente para reflejar la oferta y demanda reales.

En contraste, el papel de los DEX en la cadena se está definiendo cada vez más como “valoración complementaria”:

  • Tras el cierre de Nasdaq, en las 24 horas siguientes, los DEX pueden ofrecer liquidez global
  • Para activos de cola con poca profundidad, los arbitradores en DEX pueden realizar ajustes marginales en la valoración
  • En derivados y operaciones con apalancamiento, los DEX pueden ofrecer funciones que los mercados tradicionales no cubren

Pero la verdadera transferencia de poder de valoración requiere más condiciones previas: la aparición de suficientes market makers top en la cadena, mecanismos de responsabilidad y sanción ejecutables, y una liquidez institucional profunda. Hasta que estas condiciones se cumplan, Nasdaq sigue siendo la contraparte más confiable y que asume mayores costes en la fijación de precios de estos activos.

La carrera de la “certeza” en 2026: energía, almacenamiento y espacio en un triángulo

Si buscamos en las acciones estadounidenses los sectores en los que vale la pena mantener una posición a largo plazo en 2026, la respuesta no son los relatos más candentes sobre chips de IA, sino los “vendedores de palas” en la era de la IA.

Energía e infraestructura de redes eléctricas son las primeras opciones. En 2025, el mercado compite por capacidad de cálculo, pero en 2026, el cuello de botella claramente apunta a la electricidad. Por muy potente que sea un chip, si la red eléctrica no puede suministrarla, todo será en vano. La obsolescencia de la red eléctrica estadounidense, la escasez de transformadores, la demanda rígida de energía para nuevos centros de cálculo: todo esto forma una “deuda de infraestructura” irreversible. Ya sea con energía nuclear (especialmente pequeños reactores modulares, SMR) o con la modernización de la red antigua, las grandes tecnológicas deben invertir para que la IA funcione, y esto es una necesidad imperante, con poca incertidumbre.

El sector del almacenamiento es la segunda gran área subestimada. Tras la escalabilidad de la IA, el almacenamiento de datos pasa de ser una opción a una necesidad. La demanda crece rápidamente, y la oferta no puede seguir: los chips HBM de alta gama se agotan, y la capacidad de discos duros empresariales no alcanza. No es solo un ciclo de aumento de precios, sino una transformación de un bien cíclico a una infraestructura esencial.

El espacio representa una visión de crecimiento a largo plazo. La expectativa de que SpaceX cotice en 2026 puede inyectar nueva vitalidad a todo el sector aeroespacial comercial. Empresas como RKLB (Rocket Lab) o ASTS (Astra Space Technologies), aunque muy volátiles, se están convirtiendo en “activos beta” bajo la expectativa de la salida a bolsa de SpaceX.

Las características comunes de estos tres sectores son: demanda definida, oferta limitada, cadenas de valor segmentadas y flujo de caja sustentado. Aunque quizás no sean tan “sexys” como los chips de IA, desde la perspectiva de rentabilidad ajustada al riesgo, su certeza suele valer más que las historias.

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