A medida que mi edad va aumentando, me vuelvo cada vez más sensible al número 35. Frecuentemente acompaño a mi mayor a asistir a cenas, y de manera consciente o inconsciente siempre terminamos hablando de temas de reclutamiento, especialmente de los nuevos negocios que están en marcha. Ellos dicen de manera muy directa: "Si tienes más de 35 años, ya no es necesario que envíes tu currículum".


Pensando en cómo no entendía antes lo difícil que es ser de mediana edad, ahora veo que realmente lo es. Graduado universitario alrededor de los 23 años, entrando en una industria como novato, tropezando y acumulando experiencia, a veces teniendo que cambiar de sector debido a las fluctuaciones del mercado, dando vueltas y en un abrir y cerrar de ojos ya tienes 30 años. Solo han pasado unos pocos años. La oportunidad de cometer errores y crecer es demasiado escasa. Antes pensaba que siempre tendríamos tiempo para crecer, pero al final todo resulta ser un callejón sin salida. No es de extrañar que la presión sobre los jóvenes y los de mediana edad sea tan grande ahora, y no hay más que hablar de matrimonio, tener hijos y desarrollo personal, todo en un ciclo sin fin.
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