Khamenei: El arquitecto del poder en Irán durante más de 30 años

Desde 1989, Ali Khamenei no solo es el líder supremo, sino que también posee el poder político y militar absoluto del país. Esto no es una coincidencia, sino el resultado de una estructura de poder cuidadosamente diseñada. Khamenei, que ahora tiene más de 86 años, sigue siendo el único factor de estabilidad en la política iraní, donde los presidentes cambian con cada mandato.

De un niño pobre a alumno de Khomeini

Khamenei nació el 19 de abril de 1939 en Mashhad, en el noreste de Irán, en una familia con profunda tradición religiosa pero bastante humilde. Su padre, Sayyed Javad Khamenei, era un sencillo clérigo musulmán que enseñaba a sus hijos a vivir modestamente y a soportar la adversidad con paciencia. “Nuestra casa solo tenía 65 metros cuadrados, la cena era generalmente pan con pasas”, recordó Khamenei.

Desde temprana edad, su sólida base religiosa se formó cuando empezó a estudiar el Corán en el maktab (escuela tradicional) a los 4 años. Luego, asistió a prestigiosas escuelas religiosas en Mashhad, como Soleiman Khan y Nawwab, donde completó en solo 5 años la educación secundaria, centrada en lógica, filosofía y leyes islámicas. Su rápida forma de aprender llamó la atención de los principales eruditos religiosos al ingresar a centros de estudios avanzados a los 18 años.

En 1957, realizó un viaje de peregrinación a los lugares sagrados del Islam en Irak y se formó en Najaf, un famoso centro de estudios chiíes. Sin embargo, en lugar de quedarse allí bajo la guía de destacados académicos, decidió regresar a Irán para cumplir la voluntad de su padre, estableciéndose en Qom desde 1958. Entre 1958 y 1964, fue instruido directamente por los grandes ayatolás de la época, especialmente Ruhollah Khomeini, quien más tarde sería el líder de la República Islámica de Irán. Esta relación creó un vínculo que Khamenei consideró, toda su vida, como el motor de su pensamiento político.

Lealtad absoluta a Khomeini: raíz del poder

Desde 1962, Khamenei se unió oficialmente al movimiento revolucionario liderado por Khomeini, en oposición a la monarquía del Shah Mohammad Reza Pahlavi. Esta decisión no fue solo política, sino un compromiso religioso total. Durante 17 años, desde 1962 hasta 1979, fue arrestado, torturado y encarcelado por participar en actividades revolucionarias, pero nunca abandonó su camino. Su firmeza le ganó una confianza valiosa: para Khomeini, Khamenei era un leal de por vida, inquebrantable.

Este carácter sería clave en su posterior nombramiento.

Salto cualitativo: de presidente simbólico a líder supremo

Tras la caída de la monarquía en 1979, Khamenei fue confiado por Khomeini y rápidamente nombrado miembro del Consejo Revolucionario. También ocupó el cargo de viceministro de Defensa y jugó un papel importante en la creación de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), una organización militar independiente del ejército regular, que posteriormente se convirtió en el centro del poder real de la República Islámica.

En 1981, Khamenei sufrió un gran golpe: una bomba en una mezquita en Teherán le causó heridas graves, dejando su mano derecha paralizada de por vida. Sin embargo, dos meses después, el presidente Mohammad-Ali Rajai fue asesinado, y Khamenei fue elegido sucesor. El cargo de presidente en ese momento era principalmente ceremonial, pero Khamenei lo utilizó para ir ganando influencia, especialmente en asuntos militares y de seguridad. La tensión constante con el primer ministro Mir Hossein Mousavi reflejaba un conflicto de poder subyacente en la Constitución iraní, diseñada para evitar la concentración excesiva de poder.

No obstante, cuando Khomeini falleció en junio de 1989, el Consejo de Expertos (formado por destacados clérigos musulmanes) eligió a Khamenei como líder supremo. La elección sorprendió, ya que Khamenei no había alcanzado aún el rango de “marja-e taqlid” — el máximo grado religioso en Irán. Para resolver esto, la Constitución fue enmendada con una cláusula flexible que solo requería que el Líder Supremo tuviera “conocimiento islámico”, permitiendo que Khamenei cumpliera con los requisitos legales. Poco después, fue ascendido de Hojjat al-Islam a Ayatollah, un signo de bendición divina y un símbolo de su autoridad absoluta en el nuevo sistema.

Khamenei y los presidentes: cuando el poder supremo domina

Aunque la Constitución iraní establece un sistema con dos pilares de poder — el Líder Supremo y el Presidente — en la práctica, Khamenei concentra toda la autoridad decisoria. Esto se evidencia en su relación con los presidentes sucesivos:

El presidente Mohammad Khatami (1997–2005) promovió apertura y reformas, pero la mayoría de sus iniciativas fueron bloqueadas por Khamenei. El conservador Mahmoud Ahmadinejad, inicialmente cercano a Khamenei, terminó en profundas confrontaciones, pues buscaba ampliar su poder personal. La reelección controvertida de Ahmadinejad en 2009 provocó las mayores protestas desde la revolución de 1979, y Khamenei ordenó una fuerte represión, causando decenas de muertos y miles de detenidos.

El presidente Hassan Rouhani (2013–2021) logró un acuerdo nuclear histórico en 2015 con la aprobación de Khamenei, pero no contó con su apoyo en reformas económicas y sociales. Cuando Estados Unidos, bajo Donald Trump, se retiró del acuerdo en 2018 y reimponía sanciones, la economía iraní colapsó, y Khamenei declaró claramente: “Desde el primer día dije: no confíen en Estados Unidos”. Esto muestra que el Líder Supremo no solo aprueba o rechaza decisiones, sino que también moldea la estrategia política del país a largo plazo.

Política exterior dura: Khamenei y la posición de Irán

Desde su época como presidente (1981–1989), Khamenei estableció una política exterior confrontacional. Prometió eliminar el “imperialismo y a los elementos influenciados por EE. UU.” de Irán. Como Líder Supremo, continuó y elevó esta postura, siguiendo la línea dura de Khomeini.

Esta política se evidenció claramente tras el ataque estadounidense que mató al general Qasem Soleimani en enero de 2020. Khamenei prometió venganza “cruenta” y afirmó: “Lo más importante es acabar con la presencia de EE. UU. en la región”. Aunque la respuesta con misiles fue calificada como “una bofetada a EE. UU.”, sus declaraciones dejaron claro que el objetivo real era cambiar el equilibrio estratégico en la zona.

En cuanto a Israel, Khamenei mantiene que ese país es un “tumor canceroso” que debe ser eliminado del área. Esta postura no solo es retórica política, sino parte central de su estrategia, vinculando a Irán con grupos en Palestina, Líbano, Siria e Irak a través de la IRGC y organizaciones aliadas.

Mecanismos de control: por qué Khamenei mantiene un control absoluto

La pregunta clave es: ¿por qué, pese a los cambios de presidentes, Khamenei conserva el control total? La respuesta está en la estructura institucional.

Primero, controla las fuerzas militares principales, especialmente la IRGC. Desde sus inicios, participó en su creación y liderazgo, convirtiéndola en una base de poder insustituible. La IRGC no solo es un ejército, sino también un gigante económico que controla desde la industria de defensa hasta actividades comerciales, formando una red de intereses que rodean a Khamenei.

En segundo lugar, el Consejo de Guardianes, controlado directamente por Khamenei, debe aprobar a todos los candidatos políticos antes de que puedan postularse. Esto garantiza que solo los leales o al menos no hostiles al Líder puedan acceder al poder.

En tercer lugar, el Consejo de Expertos — órgano con la facultad de elegir o destituir al Líder Supremo — está formado por 88 clérigos musulmanes elegidos cada 8 años por la población, pero sus candidatos también deben ser aprobados por el Guardian Council. La mayoría de sus miembros actuales son leales a Khamenei, haciendo que el consejo sea en realidad un órgano formal. Una vez electos, sus miembros “supervisan” al Líder Supremo, aunque en la práctica esto rara vez sucede.

Sucesión: el poder tras Khamenei

Con más de 86 años y problemas de salud recurrentes, la cuestión del futuro tras Khamenei se vuelve más apremiante. El sucesor será elegido por el Consejo de Expertos, pero la realidad es que los mecanismos de control del Guardian Council y la IRGC aseguran que solo los candidatos aceptados por estos órganos puedan ganar. Esto crea una paradoja: el Consejo de Expertos tiene la autoridad formal, pero en realidad está condicionado por los controles que Khamenei ha establecido y fortalecido en sus 30 años de liderazgo.

Con la creciente presión de EE. UU. e Israel sobre Irán, la transferencia del poder se vuelve un asunto no solo interno, sino que puede alterar todo el equilibrio de poder en Oriente Medio. Khamenei ha construido un sistema de poder altamente concentrado, por lo que cualquier cambio puede desencadenar movimientos impredecibles. Por ello, el futuro de Irán después de Khamenei sigue siendo una gran incógnita.

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