#Crecer hacia adentro, esa es la respuesta definitiva de la vida


La vida en sí misma es un viaje en solitario,
pero siempre hay quienes la viven como una copia de otros.
Estamos ocupados persiguiendo los estándares mundanos:
¿A qué edad hay que formar una familia,
cuánto dinero hay que ganar para ser decente,
qué tamaño de casa es considerado estable...
Viviendo cada día con un cronómetro,
llenando nuestro ser en moldes estandarizados.
Parece que un paso en falso nos deja atrás;
que un poco más cerca nos hace perderlo todo.
Por eso estamos ansiosos,
tomamos la ansiedad como impulso,
la comparación como regla,
en las expectativas de otros,
nos convertimos en una versión que ni siquiera reconocemos.
¿Por qué perseguir afuera, al final, es una ilusión?
Porque entregamos el “yo” a definiciones externas.
Atamos la sensación de satisfacción a la notificación de ascenso,
el sentido de pertenencia a la aprobación de otros,
la felicidad a la acumulación material.
Pero cuando el trofeo llega, la fiesta termina,
el vacío de la soledad aún aparece.
Porque todo lo externo es variable,
lo que no podemos retener, nunca llenará el vacío en nuestro corazón.
La verdadera búsqueda interior no es simplemente rendirse,
sino retirar la mirada hacia afuera y volverla a nuestro interior.
Es preguntarse:
¿qué es lo que realmente quiero?
¿En qué actividad puedo olvidar el cansancio y solo sentir alegría?
No necesito vivir como alguien más, solo necesito ser yo mismo.
Aceptar nuestras imperfecciones:
Reconocer que somos comunes, pero también creer en nuestra singularidad;
permitirnos desacelerar, pero sin dejar de crecer hacia arriba;
atrevernos a rechazar lo que no queremos, y a perseguir lo que amamos.
Mira a esas personas que viven con soltura,
quizá no tengan la “vida de lujo” en términos mundanos,
pero siempre tienen una certeza tranquila y segura.
Ellos también tienen deseos,
pero no dejan que los deseos los guíen;
también enfrentan tormentas,
pero en su corazón siempre hay un rumbo propio.
Siempre pensamos que la felicidad está en la distancia:
en un destino aún por alcanzar, en objetos aún por poseer, en reconocimientos aún por obtener.
Pero olvidamos que la felicidad nunca se “busca”,
sino que se “siente” y se “genera”—
genera en la gratitud por cada comida,
en la concentración en lo que amas,
en la paz de reconciliarte contigo mismo.
Por más amplio que sea el alero, no es tan amplio como tu corazón;
por más lleno que esté tu equipaje, no se compara con la abundancia interior.
La vida nunca es una “prueba de certificación”,
no necesitas demostrarle a nadie que estás bien;
debería ser una “elección personal”,
elige lo que amas, ama lo que eliges,
y camina lentamente en tu propio ritmo.
Buscar afuera es correr tras la sombra, cuanto más persigues, más cansado estás;
buscar adentro es mantener las raíces del corazón firmes, cuanto más las cuidas, más estables son.
En esta práctica de la vida,
la búsqueda externa solo añade “decoración” a la vida, por muy hermosa que sea, solo es superficial;
la búsqueda interna construye “fundamentos” para la vida, cuanto más sólidos, más resistirán las tormentas.
Recoge tu mirada,
escucha la voz de tu interior,
haz lo que realmente te haga feliz,
ama a ese tú imperfecto pero único.
Vive en el presente, en paz contigo mismo,
la respuesta que buscas nunca está en otro lugar,
solo está en tu corazón.
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