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"Guerra energética" ¡se intensifica! Tras el bombardeo israelí al mayor yacimiento de gas de Irán, el pico de precios del petróleo: ¿Israel "controla" completamente a Trump?
La inédito bombardeo israelí a los campos de gas natural clave en Irán no solo desató una ola de pánico por la interrupción del suministro en el mercado del petróleo, sino que también llevó a los mercados a reevaluar la verdadera estructura de poder en la actual cambiante situación en Oriente Medio—¿quién realmente controla la situación, Estados Unidos o Israel?
El evento comenzó con el ataque al campo de gas de South Pars. El miércoles 18 de marzo, hora local, se rompió sustancialmente la línea roja energética en la región del Oriente Medio. Según reportes de CCTV, las Fuerzas de Defensa de Israel atacaron instalaciones relacionadas con el campo de gas de South Pars, ubicado en la provincia de Bushehr, en el sur de Irán.
CCTV citó declaraciones de funcionarios israelíes diciendo que la instalación procesa aproximadamente el 40% del gas natural de Irán, y que el ataque fue “coordinado con Estados Unidos”. Es la primera vez desde el inicio de este conflicto que las instalaciones upstream de petróleo y gas de Irán sufren un ataque militar directo.
Respecto al ataque, según la agencia de noticias Xinhua, la Compañía Nacional de Gas de Irán emitió una declaración el 18 de marzo confirmando que las instalaciones del campo de South Pars fueron atacadas por fuerzas hostiles, provocando un incendio. Sin embargo, la declaración también enfatizó objetivamente que no hubo víctimas, que el incendio fue completamente extinguido y que, bajo la condición de garantizar la seguridad, la producción de gas continúa y el suministro energético nacional se mantiene normal.
La reacción del mercado fue extremadamente violenta. El petróleo Brent subió en intradía más de un 6%, acercándose peligrosamente a los 110 dólares por barril.
Guerra energética: ¿Por qué este bombardeo es extremadamente peligroso?
Antes de analizar la lucha de fondo entre Estados Unidos e Israel, es fundamental aclarar un hecho central: el campo de South Pars no solo es una carta de Irán, sino también el “talón de Aquiles” del mercado energético global.
South Pars es actualmente la mayor reserva de gas natural conocida en el mundo, compartida por Irán y Qatar. No solo es la base para la generación eléctrica interna, materias primas industriales y calefacción en invierno en Irán, sino también una fuente importante de gas para países como Turquía.
El analista de MST Financial, Saul Kavonic, señaló con precisión el problema: “Si se destruyen millones de barriles de capacidad de producción, el impacto será enorme, porque incluso si termina la guerra, no se podrán reponer las reservas.”
Para ponerlo en perspectiva, ataques previos a buques petroleros o bloqueos de estrechos equivalían a cerrar una “tubería” que transporta agua; una vez despejada, el agua podía volver a fluir. Pero esta vez, el bombardeo directo a las instalaciones upstream de gas y las instalaciones de LNG equivale a destruir directamente los “pozos de agua”.
Una vez que los “pozos” son destruidos, la reparación puede tomar años. La experiencia tras la guerra en Irak en 2003 muestra que, aunque hay fondos suficientes, la reconstrucción de instalaciones energéticas suele ser mucho más larga de lo esperado, elevando así el riesgo de primas a largo plazo en la oferta de energía.
Frente a la destrucción de activos clave upstream, la respuesta de Irán ha provocado una reacción en cadena.
Según CCTV, el comandante de la Marina de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, Tansiri, advirtió que ya ha tratado las instalaciones petroleras relacionadas con Estados Unidos y las bases militares estadounidenses por igual, y que tomará medidas enérgicas. Irán incluso ha presentado una “lista de objetivos” que incluye refinerías y campos de gas en Qatar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos.
La infraestructura eléctrica en Irak ha sufrido daños inmediatos—debido a la interrupción del gas natural iraní, Irak ha perdido más de 3.1 gigavatios (GW) de capacidad instalada de electricidad.
El analista de la Universidad George Mason, Umud Shokri, señaló que cambiar el objetivo de ataque de instalaciones militares a zonas clave de energía indica que el conflicto geopolítico se ha transformado oficialmente en una guerra económica y de consumo energético. Israel intenta presionar a Irán atacando su núcleo económico, pero esta estrategia hace que los sistemas energéticos interconectados se vuelvan extremadamente vulnerables.
¿Quién está dando las órdenes? ¿Israel controla completamente a Trump?
Este es el aspecto más profundo que preocupa a los mercados e inversores en esta situación. Si el “ataque a las instalaciones energéticas” es la “superficie”, entonces la estructura de poder entre Estados Unidos e Israel en esta operación es el “interior”.
¿Quién está realmente liderando esta operación?
Según reportes de CCTV citando a funcionarios estadounidenses, Trump supo con anticipación del plan israelí para atacar South Pars y expresó su apoyo, con la intención de enviar un mensaje a Irán en respuesta a su bloqueo del estrecho de Ormuz.
Funcionarios estadounidenses también revelaron que Trump cree que “Irán ha entendido este mensaje”, y que actualmente se opone a continuar atacando infraestructura energética iraní. Trump afirmó que “no quiere que ocurran más ataques a instalaciones energéticas iraníes”.
Pero la historia dio un giro dramático rápidamente. Según la última información de Xinhua, el presidente de EE. UU., Donald Trump, afirmó públicamente en redes sociales que Estados Unidos “no tenía conocimiento” del ataque israelí a las instalaciones de petróleo y gas de Irán, y que Qatar tampoco participó en ninguna forma.
Trump dijo que Israel no atacará más el “extremadamente importante y valioso” campo de South Pars, a menos que Irán decida atacar a Qatar, que en esta operación fue “totalmente inocente”. Además, advirtió que si las instalaciones de gas natural licuado de Qatar vuelven a ser atacadas por Irán, Estados Unidos “destruirá completamente el campo de South Pars con una fuerza sin precedentes”.
Esta declaración pública contrasta fuertemente con la información de “funcionarios anónimos estadounidenses” que afirmaban que Trump había sido informado y apoyaba el operación. ¿Están mintiendo los funcionarios estadounidenses o Trump intenta distanciarse de la responsabilidad?
Esta gran incertidumbre en las políticas, junto con la profunda discrepancia en las declaraciones oficiales, es la fuente del pánico en los mercados. En redes sociales internacionales, líderes de opinión en finanzas, analistas geopolíticos y usuarios han iniciado un intenso debate sobre “quién controla a quién entre EE. UU. e Israel”.
¿Hipótesis 1: La cola mueve al perro, EE. UU. ya está controlado por Israel?**
Muchos analistas creen que, la afirmación de Trump de “no saber” en realidad indica que Washington ya ha perdido el control de la situación, convirtiéndose en un actor pasivo que solo paga los platos rotos.
Desde la perspectiva del mercado, si Israel es un “caballo desbocado” que no está bajo control de EE. UU., entonces la declaración de Trump de que “no quiere más ataques” carece de credibilidad, y el riesgo de destrucción en cadena de instalaciones energéticas en Oriente Medio ya está completamente valorado en los precios.
¿Hipótesis 2: Intereses profundamente vinculados, Israel solo es el “mal policía” de EE. UU.?**
Otra corriente sostiene que no hay que dejarse engañar por las apariencias: EE. UU. sigue siendo el manipulador final.
Hipótesis 3: ¿Una operación cuidadosamente orquestada de doble juego político y de mercado?
Algunos analistas sugieren que este ataque fue una maniobra política muy precisa.
El analista Shashank Joshi citó un reporte del canal 12 de Israel: “Un alto funcionario israelí afirmó que la cooperación en la operación fue para transmitir un mensaje a EE. UU.: ‘O se abre el estrecho de Ormuz, se eliminan las minas… o se destruirán todas las instalaciones de gas, y otras también’.”
Esto explica la actitud de Trump: el ataque al campo de gas no busca destruirlo, sino ejercer máxima presión. Si Irán accede a abrir el estrecho de Ormuz, la guerra energética terminará; si no, Trump podría volver a dar luz verde en cualquier momento.
En conclusión, el bombardeo a South Pars, que llevó el precio del petróleo cerca de los 110 dólares, no solo refleja el riesgo diario de interrupciones de millones de barriles equivalentes de petróleo y gas, sino que también evidencia que el mercado ha normalizado un patrón de “guerra energética” sin límites.
Ya sea que Estados Unidos esté detrás de la operación o que Israel “controle” las decisiones de EE. UU., el resultado apunta a un mismo hecho: la red energética en el Golfo Pérsico, tan vulnerable, se ha convertido en una espada de Damocles sobre la economía global. Mientras esta nerviosa cuerda siga tensa, la volatilidad en los mercados energéticos será una constante a largo plazo.
Aviso de riesgo y exención de responsabilidad
El mercado tiene riesgos, invierta con prudencia. Este artículo no constituye asesoramiento de inversión personal ni considera objetivos, situación financiera o necesidades particulares de los usuarios. Los usuarios deben evaluar si las opiniones, puntos de vista o conclusiones aquí expresadas se ajustan a su situación específica. La inversión se realiza bajo su propia responsabilidad.