¿Recuerdas cuando los precios del petróleo se dispararon y todos preguntaban si eso afectaría al mercado de valores? Esa situación a finales de febrero fue en realidad un ejemplo clásico de cómo la geopolítica puede sacudir la confianza de los inversores en minutos.



Así fue lo que ocurrió. Después de los ataques a Irán, el crudo subió aproximadamente un 7% bastante rápido. Brent se situaba alrededor de 71 dólares por barril—subiendo 9 dólares desde solo un mes antes. ¿La verdadera sorpresa? Los precios subieron brevemente a 80 dólares durante el fin de semana, ya que los traders se pusieron nerviosos por las interrupciones en el suministro.

La razón por la que todos estaban tan atentos al petróleo se reduce a un punto clave: el estrecho de Hormuz. Aproximadamente una quinta parte del petróleo del mundo pasa por ese estrecho estrecho, y si eso se interrumpe, estarías enfrentando una crisis de suministro seria. Por eso, incluso la amenaza de una escalada hace que los precios del crudo suban rápidamente.

Ahora, aquí es donde se vuelve interesante para el mercado de valores. JPMorgan Chase hizo los cálculos y dijo que si este conflicto se extendía más allá de tres semanas, Brent podría dispararse a 110-120 dólares por barril. Ese tipo de precio sería realmente perjudicial para la economía en general—los precios más altos de la gasolina aprietan el gasto del consumidor, la inflación aumenta y las acciones generalmente sufren en ese escenario.

La reacción del mercado fue bastante reveladora. El S&P 500 abrió con una caída de aproximadamente el 1% esa mañana del lunes, pero se recuperó y terminó casi sin cambios. La mayoría de los analistas estaban citando escenarios que iban desde el mejor caso (conflicto corto y contenido) hasta el peor caso (campaña prolongada con Hormuz parcialmente o totalmente cerrado). Fitch apostaba por un término medio en ese momento.

¿La versión corta? Un conflicto rápido era manejable para las acciones. Pero si se prolongaba, el dolor se reflejaría en los precios de las acciones. Afortunadamente, las cosas no escalaron a ese escenario prolongado, pero fue un buen recordatorio de lo frágiles que son las cadenas de suministro y de lo rápido que los shocks del petróleo pueden repercutir en los mercados. Este tipo de riesgos geopolíticos son exactamente la razón por la que la diversificación importa—nunca sabes qué puede venir después en la economía global.
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