Los análisis recientes del FMI muestran que las stablecoins están alejándose de su papel como herramientas de especulación para convertirse en infraestructura de pagos transfronterizos. En lugar de servir para transacciones a corto plazo, las stablecoins se utilizan cada vez más para comercio, remesas y gestión de flujo de efectivo gracias a su capacidad de transferir valor de manera rápida, económica y continua, sin depender del horario bancario. Esta tendencia es especialmente evidente en los mercados emergentes, donde los sistemas bancarios aún son limitados.
El FMI también enfatiza la creciente vinculación entre las stablecoins y las finanzas tradicionales, ya que muchas emisoras respaldan sus tokens con deuda del gobierno de EE. UU., lo que inadvertidamente refuerza el papel global del dólar estadounidense. Sin embargo, esto conduce a riesgos de “dolarización encubierta”, debilitando la política monetaria local y aumentando el riesgo de retiros masivos de capital en tiempos de crisis.
Las stablecoins no reemplazan a los bancos, pero están obligando al sistema financiero a adaptarse. Aunque su tamaño aún es pequeño, su impacto estructural en los pagos y en los flujos de capital globales es innegable.