Noticias de Gate News, el 20 de marzo, Reino Unido implementó oficialmente nuevas regulaciones basadas en el marco de reporte de activos criptográficos (CARF), que exige a los proveedores de servicios de criptomonedas locales presentar detalles de los usuarios a las autoridades fiscales, incluyendo información de identidad y registros completos de transacciones, y a partir de 2027, establecerá intercambios automáticos de datos con más de 70 países. Las autoridades regulatorias consideran que este mecanismo ayuda a frenar la evasión fiscal con activos criptográficos, pero también ha generado preocupaciones sobre la privacidad y la seguridad.
El experto en políticas Freddie New señaló que este tipo de bases de datos podrían evolucionar en la práctica hacia una “lista de objetivos”. Una vez que los datos se filtran o se usan indebidamente, las personas con grandes cantidades de activos criptográficos pueden convertirse en objetivos prioritarios para los criminales. El caso de Francia se menciona con frecuencia; tras la implementación de un sistema similar, se observó un aumento evidente en secuestros y extorsiones violentas contra usuarios de criptomonedas, e incluso casos en los que empleados de la administración tributaria estuvieron implicados en filtraciones de datos.
El llamado “ataque de llave inglesa” está comenzando a captar la atención en la industria, refiriéndose a amenazas físicas para forzar a las víctimas a transferir sus activos. Debido a la naturaleza irreversible de criptomonedas como Bitcoin, una vez que se realiza una transferencia, es casi imposible recuperarla. Un informe de Chainalysis indica que en 2025 el número de casos violentos relacionados podría alcanzar niveles históricos, con cierta correlación con el aumento en el precio de Bitcoin.
Desde el punto de vista institucional, el CARF fue desarrollado por la OCDE y cuenta con el apoyo del G20, habiendo sido incorporado en los sistemas legales de varios países. En Europa, la implementación se realiza de manera coordinada a través de la directiva DAC8, dificultando que un solo país ajuste las reglas de forma independiente. Dion Seymour afirmó que este marco tiene una clara característica de colaboración global, pero también implica que los riesgos potenciales son difíciles de controlar por jurisdicciones individuales.
Los analistas consideran que encontrar un equilibrio entre fortalecer la regulación y proteger la seguridad de los usuarios será una cuestión clave en la evolución futura de las políticas del sector cripto.