El dolarización, como una opción monetaria y fenómeno económico, es esencialmente una evaluación del mercado sobre la confianza, la estabilidad y la eficiencia en las transacciones. Tiene un valor práctico en la reducción de la inflación, la estabilización del tipo de cambio y la facilitación del comercio transfronterizo, pero también implica ceder parte de la autonomía en la política monetaria, haciendo que el ciclo financiero sea más susceptible a influencias externas.
Debemos abordarlo con racionalidad: no idealizar la estabilidad del dólar, ni negar fácilmente su papel en el sistema global
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