Revisión de 30 años de experiencia empresarial de un multimillonario de Silicon Valley: todos los objetivos que perseguí en el pasado eran tontos

PANews

作者:深思圈

¿Alguna vez has pensado que esos objetivos por los que te esfuerzas tanto podrían ser exactamente lo que te impide tener éxito? Ascensos, aumentos de sueldo, títulos, estatus social, estos hitos aparentemente lógicos en la vida, en realidad podrían estar atrapándote en una trampa cuidadosamente diseñada. Recientemente vi un video en el que Chamath Palihapitiya, exejecutivo de Facebook y reconocido inversor, resume en 13 minutos sus 30 años de experiencia empresarial. Una frase suya me impactó profundamente: “Después de 30 años, entendí que todos esos objetivos por los que luché desesperadamente son una tontería.” Esto no es una frase motivacional vacía, sino una reflexión profunda de un multimillonario tras experimentar innumerables éxitos y fracasos.

La trayectoria de Chamath es en sí misma legendaria. Fue un miembro clave del equipo de crecimiento de Facebook, luego fundó Social Capital, una firma de capital riesgo que invirtió en muchas empresas tecnológicas exitosas. Cuando alguien así te dice que la mayor parte de lo que persiguió en 30 años fue un error, ¿qué piensas? Cuando escuché por primera vez esta idea, mi reacción fue de resistencia. Porque desafía completamente las ideas de éxito que nos han inculcado desde pequeños. Nos enseñan a establecer metas, hacer planes, seguir paso a paso para alcanzar hitos. Pero Chamath nos dice que esa forma de pensar en sí misma está equivocada.

Por qué las metas pueden volverse tus enemigas

El primer punto central que plantea Chamath me hizo reflexionar mucho: nunca debes detenerte. Suena extraño, pero explica que la mayoría de las personas ven la vida como una serie de metas. El problema es que, cuando alcanzas suficientes metas, piensas “ya tengo éxito, puedo detenerme”. Este modo de pensar puede hacer que en algún momento pierdas la motivación, la razón para seguir adelante.

Entiendo muy bien esa sensación. En cierto momento de mi carrera, tras lograr algunos objetivos, sentí un vacío. Esa incertidumbre de “¿y ahora qué?” me dejó sin rumbo. Chamath observa que muchas personas a las que respetaba, a los 50 años o más, simplemente se detuvieron. Ya no están activas en la industria, no desafían sus límites, no aprenden cosas nuevas. Como dice él, “ya no están en la arena”.

En cambio, pone el ejemplo de Warren Buffett. Buffett sigue trabajando a los 95 años, recién ahora empieza a reducir su actividad. También Charlie Munger, que prácticamente falleció en su puesto de trabajo. ¿Qué tienen en común estos ejemplos? No persiguen una serie de metas, sino que se dedican a aprender continuamente, a arriesgarse, a rodearse de personas interesantes. Esa mentalidad los mantiene agudos y con energía.

Este punto me hizo reevaluar mi planificación profesional. Antes, establecía metas concretas: llegar a cierto puesto a cierta edad, ganar cierta cantidad, lograr independencia financiera. Pero ahora veo que esas metas en sí mismas pueden ser dañinas. Porque una vez alcanzadas, pierdes el impulso para seguir. En cambio, si enfocas tu atención en el proceso—aprender constantemente, crecer, desafiarte—nunca te detendrás.

Chamath dice que si alguien le hubiera contado esto antes, habría tomado decisiones muy diferentes. Habría reducido su obsesión por el dinero, asumido más riesgos, incluso más de los que tomó en su juventud. Es una idea interesante, porque revela una verdad contraintuitiva: el éxito real no se logra optimizando metas a corto plazo, sino manteniendo la constancia en el proceso a largo plazo.

Tres condiciones límites: vivir en el proceso

Para abandonar una vida orientada a metas y adoptar una centrada en el proceso, Chamath propone establecer condiciones límites (boundary conditions). Estas no son metas, sino principios, líneas rojas que en cualquier circunstancia no debes cruzar. Él presenta tres específicas, cada una muy impactante.

Primera condición: no tener deudas. Parece simple, pero Chamath explica que la deuda es algo que te detiene. Hace que dejes de aprender, de arriesgarte, que comiences a perseguir objetivos a corto plazo, principalmente dinero. Todas esas optimizaciones inmediatas afectarán tu vida en 20, 30, 40 años.

Estoy totalmente de acuerdo. La deuda no solo es un peso financiero, sino también una carga mental. Cuando estás endeudado, tus decisiones se distorsionan. Puedes abandonar una oportunidad interesante pero de bajos ingresos, por una aburrida pero bien remunerada, solo para pagar la deuda. Puedes quedarte más tiempo en una empresa que no te gusta, porque necesitas estabilidad. La deuda te quita la libertad de elección, y esa libertad es fundamental para vivir en el proceso.

Chamath menciona un fenómeno especialmente peligroso para las generaciones jóvenes: pasar mucho tiempo en redes sociales viendo vidas falsas, que en realidad solo engañan. Muchas personas creen que esa es la vida real y empiezan a perseguirla. Todo gira en torno al dinero. Nunca nadie será admirado por dedicarse al proceso toda su vida. Quizá Kobe Bryant sea una excepción, pero ya no está.

Esto me recuerda las publicaciones de lujo en redes: bolsos de marca, autos caros, viajes lujosos. Todo eso estimula el deseo de consumo en los jóvenes. Para mantener ese estilo de vida, muchos se endeudan, sacrifican su futuro. Pero en realidad, muchos que muestran esa vida en redes están endeudados o su vida no es tan perfecta como parece. Perseguir esa vida falsa te atrapa en una trampa de deuda, impidiéndote enfocarte en lo verdaderamente importante.

Segunda condición: gestionar tu vida con humildad. Chamath dice que esto le tomó mucho tiempo aprender. ¿Qué significa humildad? Ser honesto contigo mismo respecto a tu realidad actual. Solo así puedes ver las cosas con claridad, compartir la verdad con otros y crear conexiones genuinas.

Me impacta. La humildad no es autocompasión, sino evaluación honesta de tus capacidades y límites. En emprendimiento y trabajo, he visto muchos fracasos por falta de humildad: personas demasiado confiadas, que no admiten errores, que se aferran a una imagen perfecta. La humildad es aceptar “no sé”, estar dispuesto a aprender, decir “me equivoqué”.

Tercera condición: rodearte de personas más jóvenes. Chamath dice que los jóvenes ven el mundo de otra forma, con perspectivas distintas, con sesgos diferentes. Aunque a veces siente que ya aprendió suficiente, la realidad es que cuanto más pasa tiempo con jóvenes, más se da cuenta de que su conocimiento está anclado en un tiempo pasado.

Es una reflexión profunda. Nuestro conocimiento y experiencia tienen un límite temporal. Lo que hoy funciona, mañana puede estar obsoleto. Los jóvenes son como un sistema de alerta temprana del futuro, ayudándonos a ver cómo cambia el mundo. Chamath dice que, en algún momento, su visión de cómo deberían funcionar las cosas era opuesta a cómo en realidad funcionan. Reconocer eso requiere valor, porque implica aceptar que tu conocimiento se vuelve obsoleto.

Yo también he experimentado algo similar. Cuando hablo con personas 10 años más jóvenes, sus ideas me sorprenden. Su comprensión de tecnología, redes sociales, nuevos modelos de negocio, supera mis expectativas. Si me aferro a mi visión, me vuelvo rígido y anticuado.

Esos objetivos tontos

Chamath confiesa que persiguió objetivos que ahora considera “tontos”. Cuando era director, quería ser vicepresidente. Cuando fue vicepresidente, quería ser senior VP. Luego, responsable de una firma de capital riesgo, socio general. En Facebook, quería más acciones. Todo eso eran metas, pero en realidad, eran objetivos tontos.

Esta confesión me impactó. Porque esas metas parecen muy lógicas. Son lo que la mayoría de profesionales sueñan: ascender en la carrera, tener más acciones, ser parte del management. Pero Chamath dice que esas metas lo alejaron de su yo auténtico. Lo convirtieron en una caricatura de sí mismo, exagerando ciertos aspectos y dejando de lado otros. No solo a él, sino a quienes lo rodean.

Entiendo su punto. Cuando persigues esas metas externas, ajustas tu comportamiento para encajar en ese rol. Suprimes cualidades, amplificas otras, creyendo que así lograrás el éxito. Pero en ese proceso, pierdes tu esencia. Te conviertes en una versión distorsionada de ti mismo, en lugar del ser completo y auténtico.

Chamath admite que solo con el tiempo se aprende esto. A los 40 o 50 años, muchos asienten con la cabeza al escucharle. Pero a los 20 o 30, muchos piensan “esto no es para mí”. Tienes dos caminos: el fácil, que es seguir esas metas superficiales; o el difícil, que es aprender estas lecciones por ti mismo en 30 años.

Me recuerda un paradoja clásica: en juventud, tenemos tiempo y energía, pero poca sabiduría; en vejez, sabiduría y experiencia, pero menos energía y tiempo. Si pudiéramos entender esto en la juventud, ahorraríamos mucho tiempo y esfuerzo. Pero esas lecciones solo se internalizan con la experiencia. Solo escuchar no basta.

Opcionalidad: mantener la libertad de elección

Uno de los principios más importantes que propone Chamath es mantener la optionality (opcionalidad) a toda costa. Él dice que en los negocios, se esfuerza por mantenerla en las negociaciones. Buscar espacios de ganar-ganar es muy poderoso para él.

¿Y qué significa la optionality? Mantener tus opciones abiertas, no quedarte atrapado en un solo camino. Cuando tienes opciones, puedes adaptarte a los cambios. Cuando una oportunidad no te conviene, puedes decir que no. Cuando aparece una mejor, puedes aprovecharla. Pero si pierdes esa capacidad, te quedas sin opciones, obligado a aceptar lo que hay.

Chamath explica que mantener la optionality protege relaciones, la autoestima de otros, sus emociones. Le obliga a ser más prudente, a escuchar más y hablar menos. Muchas personas se autodestruyen por decisiones tontas. Para él, ese marco ayuda a evitarlo.

Estoy totalmente de acuerdo. En mi carrera, las decisiones que mantuvieron la opción abierta siempre dieron mejores resultados. Por ejemplo, rechacé un trabajo bien pagado pero con contrato largo, por uno más flexible y con menor ingreso. Meses después, apareció otra oportunidad mejor, porque no estaba atado a un contrato. Quienes aceptaron contratos largos, vieron cómo se les escapaba la oportunidad.

La deuda es el enemigo número uno de la optionality. Cuando estás endeudado, debes pagar cada mes, necesitas ingresos estables. Eso limita tus decisiones. Puedes aceptar trabajos que no te gustan solo por estabilidad. Sin deuda, tienes libertad para explorar, arriesgar, buscar oportunidades que quizás no generen ingresos inmediatos, pero sí a largo plazo.

Chamath comparte también una reflexión filosófica: si vivimos en una simulación, en algún nivel hay una especie de “modo secreto” que revela estos secretos y te da la oportunidad de entender. Ahora, casi a los 50, siente que esas verdades se le muestran. Dice: “Wow, esto es increíble. Cuando era joven, no sabía esto. Aunque alguien me lo hubiera dicho, no lo habría entendido.” Solo que, en realidad, la mayoría ignorará esto, y solo con la experiencia se entenderá.

Es un buen símil. La vida es como un juego, y algunos secretos solo se desbloquean en cierto nivel. Pero irónicamente, cuando comprendes estos secretos, quizás ya sea demasiado tarde para usarlos en su máximo potencial. Por eso, escuchar a los mayores y aprender de su experiencia es tan valioso, aunque al principio no lo entiendas completamente.

Honestidad total en las relaciones

Sobre relaciones humanas, Chamath comparte la lección más importante: casarse con alguien que te apoye al 100% es fundamental. Y la única forma de conseguir ese apoyo es siendo completamente honesto.

Reconoce que la honestidad es difícil. Él mismo no sabe cómo ser 100% honesto. Comparte la mayoría de las cosas, pero no todo. Es un modo de vivir que aprendió en su familia. Pero si no aprendes esa lección, te puede pasar factura.

Chamath dice que en una relación, tener un socio que sea tu cofundador, tu pareja, es muy importante. Él pasó por un divorcio, y dice que fue como perder a un familiar. ¿Qué faltó en su primer matrimonio? La honestidad pura, sin filtros. Cuando las cosas iban bien, celebraban juntos. Cuando estaban mal, podían señalarlo y hablarlo. La falta de eso fue lo que dañó la relación. En su segundo matrimonio, encontró esa conexión, y dice que es una bendición.

Esto me hace pensar en muchos problemas en relaciones de pareja. Muchos creen que mantener secretos o disfrazar la verdad es necesario para proteger al otro o mantener la paz. Pero la experiencia de Chamath muestra que la falta de honestidad total es una bomba de tiempo. Los pequeños problemas no resueltos se acumulan, los malentendidos se fermentan en resentimiento.

¿Y qué significa ser completamente honesto? Decir lo que sientes, admitir errores, ser sincero cuando tienes miedo. Requiere mucho valor, porque la honestidad te hace vulnerable. Pero solo así se construyen conexiones profundas. Cuando tu pareja conoce tu verdadera esencia, incluyendo tus debilidades y temores, puede apoyarte de verdad.

En los negocios, pasa igual. Las alianzas más fuertes se basan en la honestidad total. Discutir diferencias, admitir errores, compartir preocupaciones, permite afrontar desafíos y tomar decisiones acertadas.

Consejos para jóvenes profesionales

Chamath tiene recomendaciones muy concretas para los jóvenes con aspiraciones. La más importante: debes ir a Broadway (el escenario principal).

Explica que, dependiendo de lo que quieras hacer, necesitas ir a Washington D.C. si quieres política, quizás con uno o dos cambios de rumbo. Si quieres finanzas, a Nueva York o Londres. Si quieres criptomonedas, quizás a Abu Dhabi. Si quieres tecnología, Silicon Valley. No hay atajos: hay que decidirse y actuar.

Este consejo parece simple, pero requiere coraje. Significa dejar la zona de confort, la ciudad natal, y empezar en un lugar desconocido. Pero Chamath dice que hay que ir a donde están las oportunidades. Si quieres pescar grandes peces, no puedes quedarte en un estanque pequeño.

Estoy de acuerdo. La ubicación influye mucho en el desarrollo profesional. En el lugar correcto, conoces a las personas correctas, accedes a las oportunidades correctas, aprendes lo que necesitas. En Silicon Valley, rodeado de emprendedores e inversores, absorbes esa cultura. En Nueva York, te relacionas con élites financieras y mediáticas. Quedarte en un lugar que no tenga relación con tu objetivo te hará perder muchas oportunidades.

Su segunda recomendación: no optimices solo por salario. Por eso, hay que vivir con humildad. Buscar oportunidades que te hagan crecer. Cuando aparece una oportunidad con alguien más inteligente, que puede ser un cohete, hay que aprovecharla. No hacerlo, poner otras prioridades, te llevará al fracaso y a lamentarlo después. La culpa es de dejar que factores secundarios te distraigan.

Este consejo va en contra de lo que nos enseñaron: buscar el mejor salario, negociar nuestro valor. Pero Chamath dice que, en los primeros años, lo más importante es aprender y crecer. Un trabajo con menor salario pero que te hace avanzar rápido, vale más que uno con mucho dinero pero sin desarrollo.

También habla de balance entre trabajo y vida. Él dice que no entiende esa expresión. Cuando estás en un estado de flow, en una especie de “vibe”, en un estado de objetivo, la vida y el trabajo se fusionan. Eso es lo que quieres. Trabajar en algo que te apasiona, que va con tus valores, que te da sentido. La línea entre trabajo y vida se difumina, y eso no es malo.

El experimento de los ratones y el agua

Chamath comparte un experimento impactante. Científicos colocan ratones en un tanque con agua y miden cuánto tiempo aguantan antes de ahogarse. En promedio, unos 4.5 minutos. Luego, repiten la prueba, pero cuando el ratón está a punto de ahogarse, lo sacan, lo secan, lo consuelan, y lo vuelven a poner en el agua. La segunda vez, el ratón puede sobrevivir en promedio 60 horas.

¿Y qué diferencia hay entre un ratón que muere en 4 minutos y otro que sobrevive 60 horas? La única diferencia posible es en su cerebro. La mente desbloquea la resistencia y la capacidad de supervivencia. Esa es la clave: encontrar un lugar que te permita acceder a esa parte profunda de tu mente, que desbloquea niveles que creías imposibles.

Este experimento me tocó mucho. La segunda vez que el ratón fue puesto en el agua, ¿qué sabía? Que alguien vendría a salvarlo. Tenía esperanza. Y esa esperanza multiplicó su resistencia casi 800 veces. Nos dice que el potencial humano es mucho mayor de lo que imaginamos. Cuando creemos que algo es posible, cuando tenemos esperanza, podemos lograr lo que parecía imposible.

Chamath dice que los Navy SEALs, deportistas, hablan de esto. Pero en los negocios, lo grandioso es que no hay límite de edad. A los 60, puedes seguir emprendiendo; a los 70, aprendiendo nuevas habilidades; a los 80, aportando. Warren Buffett y Charlie Munger son ejemplos. La ausencia de un límite de edad hace del negocio un escenario para aprendizaje y crecimiento de por vida.

El estatus, una trampa

Quizá la idea más disruptiva del video: el estatus (status). Chamath dice que el estatus es completamente artificial, irrelevante. Es una herramienta para engañar a otros y perder tiempo valioso. Si comprendes esto, una de las mejores cosas que puedes hacer es ignorar las formas en que la sociedad intenta darte estatus.

¿Y por qué? Porque la sociedad pone un pequeño anzuelo en ti, para que vuelvas. Cuando crees en esas cosas, en esas validaciones externas, te vuelves vulnerable a la evaluación de otros. Puede ser pequeña o grande, pero te controla. Cuando persigues mucho el estatus, te vuelves esclavo de quienes no se preocupan por tu bienestar real.

Chamath dice que aprendió esto a la fuerza, porque muchas cosas que quería —estar en ciertos rankings, entrar en ciertos círculos—, en realidad no importan. Son construcciones humanas. Te deforman, te hacen cambiar tu comportamiento, tu forma de ser, para encajar o ser aceptado. Y en ese proceso, pierdes tu autenticidad.

Este pensamiento me hace reflexionar. La sociedad está llena de símbolos de estatus: títulos universitarios, cargos en grandes empresas, oficinas lujosas, autos caros, clubes exclusivos. Nos enseñan a perseguirlos, porque representan éxito. Pero Chamath advierte que son trampas.

¿Y por qué? Porque si te importan esas cosas, ajustas tu comportamiento para conseguir reconocimiento. Haces cosas solo por subir en la escala social, incluso si no quieres hacerlo. Evitas lo que podría dañarte en esa escala. Y en ese proceso, pierdes tu libertad.

Chamath dice que el estatus es una construcción artificial, corrosiva, que la sociedad usa para frenarte. Cuanto más te liberes de él, más poderoso serás. Es una visión radical, pero piensa en quienes realmente cambian el mundo: muchos no se preocupan por el estatus tradicional. Siguen su curiosidad, su pasión, su misión.

Yo también trato de liberarme de esa obsesión. Cuando dejo de importarme lo que otros piensan, me siento más libre. Puedo seguir lo que realmente me interesa, aunque no me dé reconocimiento externo. Puedo relacionarme con quien me parezca interesante, sin importar su estatus social. Esa libertad no tiene precio.

Reflexión final

Tras escuchar a Chamath, me tomó tiempo digerir sus ideas. Desafían muchas de mis creencias arraigadas. Siempre pensé que tener metas claras era clave para el éxito, pero ahora veo que obsesionarse con ellas puede hacerme perder lo más importante: el proceso de crecimiento continuo.

Reevalué mi concepto de éxito. Antes, lo medía en cargos, ingresos, reconocimiento social. Pero ahora me pregunto: ¿estoy aprendiendo? ¿Estoy desafiándome? ¿Hago algo que realmente tenga sentido para mí? Si la respuesta es sí, entonces soy exitoso, sin importar el título o el dinero.

Su experiencia también me hace valorar el tiempo. Él tardó 30 años en aprender estas lecciones. Si yo, en mis 30, pudiera entenderlas y aplicarlas ahora, ¿cuánto tiempo y esfuerzo me ahorraría? Pero también sé que algunas enseñanzas solo se internalizan con la experiencia. La clave es mantener una mente abierta y aprender de los mayores, aunque no todo tenga sentido al principio.

Para concluir, las ideas de Chamath no buscan que todos sean multimillonarios o funden grandes empresas. Se trata de vivir de manera más auténtica, más plena, más significativa. Sin importar tu objetivo profesional, estos principios aplican: enfócate en el proceso, mantén la humildad y el aprendizaje, protege tu libertad de elección, sé honesto en las relaciones, ignora las falsas apariencias sociales.

Creo que si más personas entendieran y practicaran estos principios, el mundo sería diferente. Un mundo donde la gente no trabaja solo por reconocimiento externo, sino por crecimiento interno. Donde no escalan la escalera del éxito impuesta por otros, sino que recorren su propio camino. Es una opción más difícil, sí, pero sin duda, más significativa.

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